viernes, 16 de agosto de 2013

MIMS Gran Reserva: Lou Reed - Transformer

Llevaba mucho tiempo queriendo escribir esta entrada, pero tras la sección sobre la Velvet Underground sinceramente quedé un poco saturado, y supongo que los visitantes de MIMS otro tanto: tan solo hay que ver cómo en ella fueron desapareciendo progresivamente los comentarios.


Lou Reed siempre ha sido uno de los músicos por los que he sentido una debilidad especial, y no sólo por su etapa con VU: desde luego su carrera en solitario es más que irregular, y en ella alterna discos cojonudos con otros tremendamente flojos... y, bueno, también cosas como el Metal Machine Music. Viendo su carrera en retrospectiva no sé si puede decirse de él que sea un músico propiamente dicho. No diré ya que se trate de un poeta, algo que difícilmente puedo alcanzar a discernir con mi escasos conocimientos de inglés pero que puedo intuir por las imágenes y personajes que tan hábilmente retrata, por sus características y personalísimas métricas (no se puede decir que cante en sus discos, más bien declama), por los ambientes que es capaz de crear y por las emociones que transmite; simplemente diría de él que se trata de un Artista en mayúsculas, y eligió la música para comunicarse como podría haber elegido otra disciplina diferente. De hecho, a la vista de algunas de sus llamémosle "experimentaciones", más bien se diría que le interesa investigar cómo jugar con el ritmo y el sonido más que con la música como tal.

A lo que íbamos: Reed abandonó sin pena ni gloria la Velvet tras grabar Loaded, y sin saber muy bien qué hacer estuvo trabajando un año en la empresa de su padre como mecanógrafo. Afortunadamente le seguía picando el gusanillo de la música y al poco grabó su debut en solitario, titulado simplemente Lou Reed (1972): este primer trabajo fue un fracaso ya que, además de tratarse de un músico no muy conocido por aquel entonces, el album se componía básicamente de canciones descartadas de su etapa con la VU; personalmente siempre me han encantado Wild child y sobre todo la stoniana Walk and talk it.


Reed: "David, nunca tendré como agradecerte que me produzcas el álbum, tío"
Bowie: "Ya se nos ocurrirá algo, tonto..."

Pero en estas resultas que se cruza en su camino el ínclito David Bowie, quien se ofrece a producirle junto con Mick Ronson su nuevo trabajo. Como comentamos en la correspondiente entrada al documental The Sacred Triangle, el ofrecimiento del británico no era tan desinteresado como parece, pero centrémonos en la historia: Lou Reed vuelve a Londres para grabar su posteriormente aclamado segundo álbum, Transformer. La conjunción de genios de ese encuentro es mítica: los respectivos talentos compositivo de Reed y musical de Ronson se vieron amplificados exponencialmente por la intuición y el sentido de la oportunidad de Bowie. ¿Quién da más?

Corría el año 1972, el glam había llenado Londres de purpurina y Reed no solo se contagia del ambiente, sino que se pone a la cabeza del movimiento: no es que sus canciones fueran más o menos ambiguas y provocativas hablando sobre maquillarse los ojos para salir a la calle (que de hecho sí que lo hace en Make up, sin ir más lejos), sino que da un paso más y en ellas canta sobre los personajes que había conocido en The Factory de Andy Warhol. Y resulta que toda esa colección de personajes más o menos oscuros con su no menos oscuras perversiones se convirtieron en un gran éxito.



El ejemplo más evidente es Walk on the wild side: extrañamente nunca fue censurada y escaló hasta la parte alta de las listas de éxitos, convirtiéndose en una de las canciones más famosas y recordadas de toda su carrera. No es que no se lo mereciera ni mucho menos, todo lo contrario: gracias a Dios parece que los prebostes no entendían la jerga de Reed y no parecieron darse cuenta que la letra hablaba sobre travestis, chaperos, camellos, mamadas, etc... El hecho es que la canción empezó a radiarse, para regocijo de los que sí sabían de qué trataba, y supuso el espaldarazo que la carrera de Reed merecía y necesitaba. La sencillez del tema es marca de la casa, pero los arreglos le proporcionan el gancho necesario: el ritmo marcado por las escobillas, la guitarra suavemente rasgueada, pero sobre todo los dos bajos tocados por Herbie Flowers. Los motivos para doblar las famosas líneas del contrabajo con un bajo eléctrico no son solamente musicales, como el mismo Flowers revela: sugirió el arreglo porque, por el convenio que tenían los músicos de estudio, así cobraría el doble de su paga por una misma sesión. Personalmente nunca me gustó el saxo en este tema, pero ya es tan parte del tema como los famosos coros femeninos de las coloured girls.

La presencia de Warhol la podemos encontrar en otros temas del disco: desde luego en Andy's chest (todo un grower, como diría Manuel), canción que trata sobre el atentado que sufrió el pintor en 1968 y que la Velvet Underground grabó sin llegar a editar (click), pero también en el tema que abre el disco, Vicious: de hecho, la primera línea de la canción "Vicious, you hit me with a flower", se la sugirió el mismo Warhol cuando le animaba a que compusiera más canciones para la banda. De nuevo la sencillez del tema y las contagiosas y punzantes guitarras nos recuerdan a la VU, pero la espontaneidad y amateurismo de aquellos se ven aquí reemplazados por el buen hacer de Ronson y compañía: sin que el tema pierda ni un ápice de energía y potencia, el sonido es brillante y las guitarras son espectacularmente profesionales.



Uno de los momentos más emotivos del disco y de toda su carrera es sin duda alguna Perfect day. La cálida y plácida letra, que habla de beber sangría en el parque y ver películas en la mejor compañía, contrasta con los arreglos musicales maravillosamente fúnebres (que incluso arrancan los elogios del siempre hierático Reed: "Ronson es un genio, tío"): el magistral piano, respaldado por una conmovedora sección de cuerdas, conduce el tema sobre el tímido ritmo de la batería. La interpretación de Lou es profunda y sentida como nunca, y sin duda estamos ante uno de sus momentos de mayor inspiración. Personalmente siempre me han resultado sobrecogedoras las líneas en que canta "Just a perfect day / You made me forget myself / I thought I was someone else, someone good" (Un día perfecto / Hiciste que me olvidara de quien soy / Y creí que era otra persona, alguien bueno).

Ronson: "A mi con la invitación a comer ya me doy por agradecido, en serio"

El último coloso del disco, que no tiene desperdicio alguno todo sea dicho, es sin duda Satellite of love, otro tema que compuso y ensayó con la Velvet pero que tampoco vio la luz con la banda (click). A diferencia de aquella primera versión del tema, la interpretación de este disco es mucho más reposada y dulce, además de presetar ciertos cambios en la letra con los que sale ganando sin duda. Preguntado por el significado de la canción el propio Reed cree que trata sobre los celos, pero reconoce que no está seguro porque "que yo la haya compuesto no significa que la entienda". Si bien los arreglos del tema de nuevo son sobresalientes, por encima de todo destacan los geniales coros de Bowie, especialmente en la coda final.

Y por el camino nos hemos dejado otros temazos que no desmerecen en absoluto: Hangin' round y sobre todo I'm so free dan buena muestra que Reed estaba totalmente en forma y al día, y son dos temas que enlazan perfectamente su pasado con la Velvet con lo que se estaba cociendo en aquellos momentos. Por su parte canciones más livianas como New York City conversation o Goodnight ladies suponen pequeños respiros, algo que ya ocurría en los discos de VU con canciones como I'll be your mirror o Afterhours, y sirven como simpáticas transiciones o directamente para cerrar el disco de manera más ligera.



Aunque se quedó lejos de llegar a los primeros puestos de las listas, Transformer sí que sirvió para dar a conocer a Lou Reed al gran público: en plena explosión del glam, sus canciones sobre travestis, camellos y prostitutas fueron recibidas con los brazos abiertos por un público que celebraba el descaro y la ambigüedad. Reed se maquilló la cara de blanco, se pintó las uñas de negro, y aprovechó la popularidad para seguir con su carrera y explorar en los siguientes años nuevos caminos con resultado desigual: la deprimente historia retratada en Berlin, la ya mencionada (e insufrible) experimentación de Metal Machine Music, el retorno a la senda perdida en el soberbio Coney Island Baby, etc...

Puedes pulsar aquí para escuchar Transformer en spotify.