jueves, 29 de enero de 2015

10 Canciones Subestimadas de David Bowie (2 de 2)

Teenage Wildlife (Scary Monsters, 1980)

Aunque no pertenezca a la llamada trilogía berlinesa, Scary Monsters establece como álbum un difícil equilibrio entre las pretensiones intelectuales de aquellos discos y la comercialidad de la que Bowie haría gala en los ochenta. El Duque Blanco se sentía muy amenazado a finales de los setenta por las emergentes estrellas como Gary Numan que homenajeaban bordeando el plagio el lenguaje musical que Bowie había desarrollado en la década anterior. Teenage Wildlife es el mejor ejemplo de ello, ya que se inspira descaradamente en Heroes cambiando el romanticismo épico por el miedo a quedar desfasado en el cambiante mundo de la música pop. Hablamos de una canción que no para de crecer, escondiendo emocionantes sorpresas y rivalizando con nada menos que Ashes To Ashes por el puesto como mejor canción del álbum.

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Cat People (Putting Out Fire) (Let's Dance, 1983)

La canción de la que hablamos fue un encargo que Paul Schrader hizo a David Bowie para la banda sonora de la película Cat People. Hablamos de un film de terror erótico de principios de los ochenta protagonizado por Nastassja Kinski y retitulado en España como El Beso de la Pantera. El mítico Giorgio Moroder compuso casi la totalidad de la banda sonora y ejerció como productor para el tema principal compuesto por Bowie. La canción Cat People se encuentra incluida en el álbum Let's Dance en una versión distinta a la de la película, ya que MCA impidió a Bowie hacer uso de la canción original al ser artista de EMI. Cat People es una oscura obra maestra en todas sus encarnaciones que contrasta enormemente con la música que el Duque Blanco publicaba por la misma época para sus álbumes.

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Strangers When We Meet (Outside 2.0, 1995)

Strangers When We Meet no es quizá una canción oculta en su discografía, ya que salió publicada como single para el álbum Outside 2.0 en 1996. Sin embargo, la he traído aquí porque me he dado cuenta de que casi nadie la conoce cuando hablo de ella. El tema apareció incluido en la banda sonora de la película The Buddha Of Suburbia de 1993, interpretada por un jovencísimo Naveen Andrews (Sayid Jarrah en Perdidos). David Bowie la rescataría con muy buen criterio para el álbum Outside 2.0 publicando una versión mejorada con Brian Eno en la producción al final de la cara B. Strangers When We Meet es para mí su canción más lograda de las últimas décadas, al mismo nivel que sus clásicos más conocidos. Resulta extraño escuchar una canción tan redonda en una década en la que el músico no se encontraba en su mejor momento.

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New Angels Of Promise (Hours..., 1999)

El álbum Hours supuso para David Bowie el retorno al clasicismo pop después de coquetear en los noventa con el soul, el drum'n'bass o el álbum como obra conceptual en Outside 2.0. En la portada del disco aparecen referencias concretas a este hecho, ya que en ella se puede ver a un Bowie de apariencia juvenil consolando a un exhausto Bowie maduro con el peinado que lucía en el álbum Earthling. New Angels Of Promise tiene un comienzo instrumental arrollador y unas enigmáticas letras con connotaciones bíblicas y apocalípticas. Si anteriormente dijimos que Hours se decanta por el clasicismo pop, la canción que nos ocupa es la excepción a la regla, encerrando buena parte del nervio del que Bowie hizo gala a finales de los setenta y remitiéndonos a texturas ya conocidas en Lodger o Scary Monsters.

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Valentine's Day (The Next Day, 2013)

Desde la primera vez que escuché The Next Day, Valentine's Day se impuso para mí como la mejor canción de todas sin dejar lugar a dudas. Ya comenté en otra entrada del año pasado que el último trabajo de Bowie no me decía demasiado, pero esta canción encierra toda la magia inherente a lo mejor de su obra. Me extrañó que apareciera como cuarto single, cuando era manifiestamente superior a los otros tres temas extraídos con anterioridad. Una canción que abre con uno de sus mejores riffs de guitarra y que finaliza con un tour de force vocal realmente épico. El videoclip es también impresionante, grabado en una especie de almacén abandonado, la imponente presencia de Bowie con casi setenta años llena todo el espacio vacío ataviado tan sólo con una simple e impoluta camisa blanca.

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viernes, 23 de enero de 2015

Memorias de Neil Young - El Sueño de un Hippie


Tal y como hizo Bob Dylan con el primer volumen de Crónicas, Neil Young publicaba este año en castellano su esperada autobiografía. Tenía muchas ganas de leerla ya que, a la espera de la publicación de Shakey de Jimmy McDonough, sigue sin existir la obra literaria que haga justicia al legado de un músico tan importante como Neil Young. Me llevé una gran sorpresa a finales de septiembre, porque el libro cayó en mis manos como regalo de aniversario nada menos. Tardé algunas semanas en ponerme con él, ya que estos últimos meses se me han ido acumulando varios libros sobre literatura rock como ya me ocurrió el año pasado por las mismas fechas.

Como biografía, lo que Neil Young ha entregado a su editora es fiel reflejo de sí mismo. Y, sinceramente, no sé si ésto que digo es una alabanza o un defecto. Los que conocen la música de Young, sabrán que no hablamos precisamente del músico más coherente y detallista a la hora de publicar su trabajo. Tonight's The Night, por ejemplo, es lo más crudo y descuidado que puedes echarte a la cara, tomando elementos de aquí y allá para conformar una obra heterogénea que funciona sólo si llegamos a aceptarla como tal. Cuando he dicho que el libro que nos ocupa es fiel reflejo de su autor, me refiero a que mantiene esos mismos elementos que han sido constantes en su obra musical. O lo tomas o lo dejas. Young no se preocupa por dártelo todo mascado, de hecho toma elementos de aquí y allá soltándolos cuando le apetece o dejándose llevar por el hilo de sus propios pensamientos. Y ésto para el fan debe ser un regalo caído del cielo, ya que pocas veces un seguidor tiene la oportunidad de meterse a tanta profundidad en la cabeza de su ídolo.

Durante su lectura, he tenido la sensación de que el músico no se ha sentado frente al teclado ni una sola vez para escribir, ya que el texto parece la transcripción directa de un testimonio registrado en grabadora portátil. Digo ésto porque el libro no tiene un hilo conductor o un orden coherente y las frases subordinadas brillan por su ausencia. Neil Young como escritor, si se le puede llamar así, es disperso en su discurso y directo en expresar sus ideas. Tan disperso que los capítulos (e incluso los párrafos) no siguen un orden cronológico y saltan constantemente de un año a otro: desde la década de los noventa a su infancia en Canada, desde los tiempos con CSN hasta un día cualquiera en el que intenta escribir algo para este libro en cuestión, etc. Un caos absoluto que despistaría a cualquiera que no conozca minimamente su obra. De hecho, el músico ni se molesta en anunciar el año al que va a referirse y por el mismo contexto tienes que averiguar a que época de su vida se refiere. Esto a veces es complicado de intuir hasta bien entrado en el capítulo y al lector no le queda más remedio que dejarse llevar hasta que surge la frase que enmarca por fin la acción en el marco temporal pertinente.

La sinceridad descarnada que en ocasiones destila el libro contrasta mucho con el afán promocional de sus proyectos más inmediatos. Me explico. Por una parte, sorprenden los testimonios del músico acerca de asuntos tan espinosos como la muerte de Danny Whitten, la minusvalía de sus propios hijos o situaciones desagradables de las que se arrepiente acerca del férreo control que ejerce sobre sus proyectos o los despidos que ha ejecutado entre su personal a lo largo de los años. Hay que tener en cuenta que Neil Young emplea a muchas personas trabajando para él y reconoce no tener demasiada piedad ante un fallo o un descuido que pueda afectar a su obra (por ejemplo, que los masters de un álbum no se hayan grabado con la calidad exigida). Por otra parte, resulta muy molesto ese afán por promocionar Pono (antes Puretone) y Lincvolt, aquellos proyectos en los que ha estado enfrascado estos últimos años. El libro intercala con demasiada frecuencia capítulos escritos expresamente para publicitar ambos artefactos. Para aquellos que no lo sepan, Pono es un reproductor de música que da la oportunidad al oyente de escuchar música digital con la misma calidad que la de los masters originales. Lincvolt, por su parte, es un coche eléctrico con el que Young intenta luchar contra la contaminación y las industrias petrolíferas.

Los automóviles retro y las maquetas de trenes aparecen con mucha frecuencia en estas páginas. Young posee una gran colección de coches antiguos comprados y restaurados, de hecho tuvo un mecánico trabajando a jornada completa durante décadas en los vehículos que se iba agenciando. Sorprende cierta escena actual en la que Young duda sobre si hacer click o no a la compra de un automóvil por internet (al final lo compra). En cuanto a las maquetas de trenes, sorprende la profundidad de sus conocimientos sobre el tema. De hecho, es socio de una empresa dedicada a la comercialización de estos productos y se implica mucho en ofrecer ideas para añadir mejoras e innovaciones a las distintas piezas. Cuando habla de Lincvolt no parece controlar tanto sobre el tema y da la sensación de que ese proyecto en concreto está abocado al fracaso. De hecho, no sé como un músico puede siquiera plantearse competir con los departamentos I + D de la industria automovilística fabricando un coche eléctrico.

Amigos que fallecieron, vivencias varias, aficiones y pasiones, etc. Aquel que espere encontrar en este libro un análisis exhaustivo de su obra musical va a estrellarse contra un muro. Cualquiera que haya leído algo sobre literatura rock, sabrá de primera mano que el que peor y con más deficiencias puede hablar de álbumes o canciones es el propio autor de las mismas. Neil Young tiene una memoria portentosa para indicarte en que momento de su vida compuso tal o cual tema, pero no esperes un análisis a conciencia que satisfaga a los hardcore fans. Ellos mismos pueden hacer suposiciones y conjeturas más interesantes que el propio músico.

No me gustaría terminar esta reseña sin hablar de la mala traducción realizada para la edición en castellano. El texto está plagado de fallos garrafales que podrían haberse solucionado con una simple revisión. En resumen, más trabajo para el lector que, además de adivinar de que diablos está hablando Young, tiene que pelearse con palabros que no existen o que se repiten incomprensiblemente. No entiendo un texto tan descuidado, cuando el traductor en cuestión dispuso de casi un año entre la edición original y la publicada a principios de este año en castellano.

sábado, 17 de enero de 2015

10 Canciones Subestimadas de David Bowie (1 de 2)

Conversation Piece (single The Prettiest Star, 1970)

Canción publicada en 1970 como cara B de The Prettiest Star, el single que sucedió al exitoso Space Oddity. The Prettiest Star fracasó en las listas, aunque sería rescatada tres años después en el álbum Aladdin Sane. Conversation Piece por su parte fue condenada al ostracismo hasta que fue reinterpretada por Bowie en la edición limitada del álbum Heathen de 2001. Era un bonus track, pero provenía en realidad de las sesiones para el álbum Toy en el que Bowie rescataba temas de su pasado más remoto. Conversation Piece sería publicada de nuevo en su versión original años después para la edición remasterizada del álbum Space Oddity de 2009. Hablamos de una obra maestra que fue cara B de un single relegado al olvido, pero que escuchada a día de hoy se reivindica por derecho propio entre sus canciones más clásicas.
Lady Grinning Soul (Aladdin Sane, 1973)

Fascinante balada al piano que cierra el álbum Aladdin Sane de forma inmejorable. El pianista Mike Garson, cuya participación en el álbum aporta su más reconocible seña de identidad, vuelve a lucirse en este corte con su particular forma de tocar el piano repleta de influencias latinas y jazzisticas. La canción está inspirada en un encuentro de David Bowie con Claudia Lennear, cantante soul americana que colaboró durante los años setenta con gente como Joe Cocker, Leon Russell o George Harrison y que también inspiraría el clásico de los Rolling Stones Brown Sugar. La letra de Lady Grinning Soul es una oda a la tremenda sensualidad de Claudia Lennear en aquella época. Tan sólo hay que buscar imágenes en cualquier buscador de internet para verificar tal afirmación de primera mano.

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Sweet Thing/Candidate/Sweet Thing (Reprise) (Diamond Dogs, 1974)

La canción Station To Station podría ser casi con total seguridad el medley más conocido en la carrera de Bowie, pero el más intenso de todos, teniendo en cuenta que nunca se prodigó en enlazar canciones, está formado por estos tres temas incluidos en la cara A del subestimado álbum Diamond Dogs. Este trío de ases llama poderosamente la atención desde la primera escucha por su extraña atmósfera, intensas melodías y dramáticos coros interpretados por él mismo. La letra tampoco deja indiferente a nadie, ya que habla de extraños encuentros con connotaciones sexuales, lugares de reunión para difundir mentiras o tiendas en las que se venden caras de escayola con la efigie de Charles Manson. Hacer mención para terminar del bonus track Candidate que salió en la edición de los noventa publicada por Rykodisc y que poco tiene que ver con la versión final publicada en el álbum.

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Win (Young Americans, 1975)

David Bowie no recibió el apodo de camaleón en vano durante la década de los setenta. Después del futuro post-apocalíptico de Diamond Dogs, el cambio de tercio hacia el soul y la música negra no era demasiado previsible. Win es una intensa canción que se sumerge de lleno en el género y en la que Bowie ofrece una de sus interpretaciones más memorables. Rodeado por un coro de reconocibles voces negras y un elegante swing instrumental, el tema pasa de la quietud de las estrofas al épico tour de force de los estribillos, los cuales aterrizan suavemente al finalizar con la frase "all you've got to do is win". Lo único que se le puede achacar a Win es estar tan ligada a un estilo tan contemporáneo que a día de hoy se nota sobre ella el paso del tiempo con menos clemencia que en el resto de la obra del Duque Blanco.

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Sons Of The Silent Age ("Heroes", 1977)

Brian Eno, el productor del álbum "Heroes", indicó en una entrevista que Sons Of The Silent Age era el único tema que ya estaba compuesto antes de entrar a grabar en el estudio. El propio Bowie dijo que el álbum iba a llamarse en un primer momento Sons Of The Silent Age. El resto de temas fue improvisado utilizando las novedosas técnicas de Eno en las que el azar jugaba un papel crucial. De ahí que la canción que nos ocupa se diferencie tanto del resto de cortes de la cara A, mostrando una estructura más convencional frente al caos personificado en Joe The Lion o Black Out. Siempre he tenido la sensación de que si esta canción no se hubiera incluido en un álbum tan arriesgado y experimental, podríamos estar hablando ahora de otro clásico fácilmente reconocible de David Bowie.

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domingo, 11 de enero de 2015

Fernando Merinero - Las Huellas de Dylan


Tengo que agradecer al amigo Mansion el préstamo de este documental en DVD, ya que ha supuesto para mí recordar una de las experiencias personales más intensas en lo que a música se refiere. Las Huellas de Dylan es un documental de acercamiento al músico a través de sus fans y para ello recoge infinidad de testimonios a través de los cuales el profano puede intuir que significa Bob Dylan para todos aquellos que lo veneramos.

El documental fue rodado en 2004 durante su gira española en la que visitó ciudades como Motril, Córdoba o Santiago de Compostela. Para mí no ha sido un documental más sobre tal o cual músico, ya que lo que refleja fue vivido por mí en primera persona durante mi visita a Córdoba para ver al más importante de todos mis mitos musicales. Y es que, aunque no lo parezca por el volumen de entradas que dedico a unos y a otro, Bob Dylan está a la misma altura que los Beatles en mi panteón particular con la diferencia capital de que aún puedes verlo en directo. Recuerdo que aquel año tuve que elegir entre ver a McCartney en Madrid y a Dylan en Córdoba... no lo dudé un instante. Fue la primera de un total de tres veces: Córdoba 2004, Collado Villalba 2006 y Jérez de la Frontera 2008 (si mal no recuerdo).



En primer lugar, me gustaría decir que este documental parte de una idea genial y sumamente práctica. Teniendo en cuenta que Dylan es impenetrable a la prensa, que mejor que acercarse a su figura de la mano de sus fans. De esa manera puedes retratar un aspecto que ni el propio Scorsese consiguió en No Direction Home: capturar la imagen que el fan de la calle tiene de su ídolo. Desde el veterano curtido en mil conciertos hasta el imberbe nervioso que va a verlo por primera vez, desde la estrella de la canción al hippie de la camioneta con su esposa japo... todos sin excepción se sienten traspasados por esa enigmática figura que ha sido protagonista principal del siglo XX y parte del XXI. Tengo que decir que de toda la gente que ha participado en este documental, la intervención que más me ha llegado ha sido la de Joaquín Sabina. Es otro de mis ídolos musicales, quizá mi número uno a nivel nacional, y me quito el sombrero ante su percepción personal de Bob Dylan. Eclipsa al resto de entrevistados y, cada vez que se asoma, suelta una certera genialidad a la que intenta quitar hierro con su correspondiente broma.

Por otro lado, me ha sorprendido reencontrarme en este DVD con fans de a píe como Antonio Iriarte o Antonio Terni, ya que compartí con ellos varias horas esperando a las puertas de El Fontanar bajo un sol de justicia. Por cierto, que poco tiempo le dedican al público de Córdoba. Al menos a mí me lo parece, ya que tenía la esperanza de verme en la cola. Si hubieran grabado la apertura de puertas, estoy seguro de que se habría visto a un sevillano de casi dos metros corriendo como una quinceañera para llegar a las primeras filas (me quedé en la cuarta o quinta).


Joaquín Sabina y Benjamín Prado, de lo mejor del documental

Lo más destacable para mí de Las Huellas de Dylan es como captura lo divino y lo humano de los fans de Dylan. Aparece gente que da gusto escuchar ofreciendo opiniones con las que puedes sentirte más o menos reflejado o que incluso te muestran un nuevo enfoque sobre tu ídolo. Otros sin embargo, los menos, desvarían ante la cámara e intentan por todos los medios transmitir su desmedida pasión por el músico. Tanto esfuerzo dialéctico en estos casos no hace otra cosa que sacar a la luz el lado más oscuro de los dylanitas: la intransigencia, el amor ciego en el que la música queda eclipsada por la figura mesiánica... en definitiva, el acólito incapaz de entender otra realidad que no sea la suya. Ser dylanita tiene también sus luces y sus sombras. El único punto negativo que me parece imperdonable es ese artificioso montaje de intervenciones en el que se aparenta un diálogo entre los entrevistados. Lo de Loquillo y González Sinde me parece de muy mal gusto, no entiendo donde está la gracia y no merecía la pena manchar un documental tan entretenido con un montaje tan ridículo.

Las Huellas de Dylan gustará a los fans del músico, pero también acercará a los profanos a una de las sectas musicales más peculiares y excéntricas de la música rock. Merece la pena.