lunes, 16 de febrero de 2015

Eduardo Izquierdo - Bob Dylan, La Trilogía del Tiempo y el Amor


Ha sido una pena quedarnos sin fuelle en el blog al comenzar 2015. A finales del año pasado nos planteamos comenzar a trabajar en el mes Dylan para junio o julio, tal y como hicimos con el mes Beatles a principios del verano de 2014. Al no disponer de material nuevo ya en febrero, no nos queda más remedio que publicar todas las entradas sobre Dylan que podrían haber formado parte de aquello. En fin... quizá un mes sobre Dylan hubiera saturado al personal cosa mala. Igual estas entradas se disfrutan más en pequeñas dosis que no en un largo evento dedicado al genio de Duluth.

En cuanto al libro que nos ocupa, diré en primer lugar que lo que ha hecho Eduardo Izquierdo me parece muy valiente. Hace algunos años me planteé hacer lo mismo que él en una escala mucho más pequeña y no fui capaz. El 25 de enero de 2011 escribí una entrada llamada Bob Dylan, el eterno retorno en la que hablaba de como Dylan había conseguido recuperarse artísticamente varias veces a lo largo de su carrera y prometía una serie de tres entradas en las que hablaría de su última resurrección con discos como Time Out Of Mind, Love & Theft y Modern Times. Releyendo dicha entrada, me ha sorprendido encontrar una referencia de mi propia cosecha hablando de estos álbumes como La Trilogía del Crepúsculo. Eduardo Izquierdo la llama ya desde el título del libro La Trilogía del Tiempo y el Amor, un apelativo mucho más optimista y favorecedor. Me gustaría aclarar que no fui capaz de escribir ninguna de las tres críticas anunciadas, de manera que sólo quedó mi intención de hacerlo. Quizá empecé la de Time Out Of Mind, pero no me vi capaz de terminarla y se me hizo muy cuesta arriba hablar de discos como Love & Theft o Modern Times cuando prácticamente me parecen la misma cosa. El autor del libro que nos ocupa no sólo escribe las críticas de estos tres álbumes, si no que también consigue armar un libro muy interesante sobre la última etapa de Dylan como músico. Etapa que pilló a todos por sorpresa y que ha vuelto a escribir con letras de oro una nueva página en la historia de la música.


La Trilogía del Tiempo y el Amor no puede limitarse a hablar de los tres discos y punto. De hecho, sería un pecado quedarse ahí cuando la carrera de Dylan a partir de la publicación de Time Out Of Mind se ha expandido triunfante en otros muchos aspectos. Eduardo Izquierdo expone en primer lugar el porqué de considerar esta triada de discos como una trilogía cuando la obra musical de Dylan no puede etiquetarse tan alegremente. Tras esa justificación, que seguro contentará a los fans del músico más fervientes, resulta tan interesante hablar de la creación de Time Out Of Mind como de la etapa previa que encaminaba a Dylan a ser rescatado de un olvido que abarcaba casi dos décadas. Leyendo el libro he caído en la cuenta de que Time Out Of Mind no sólo reactivó su carrera discográfica, si no que también expandió a Dylan a otros campos que con el paso del tiempo incluso los fans hemos olvidado. Desde 1997, la colección de bootlegs se ha reactivado en paralelo a su discografía oficial ofreciéndonos joyas como el legendario concierto del Royal Albert Hall, las tomas alternativas de Tell Tale Signs o todo el material que reivindica las denostadas sesiones de Self Portrait. El genio de Duluth ha ganado un Oscar, ha publicado un libro maravillosamente bien escrito llamado Chronicles Volume 1 y ha colaborado en uno de los documentales más celebrados de los últimos años dirigido por nada menos que Martin Scorsese. Además, el Never Ending Tour se empezó a conformar durante estos frenéticos años y, algo que pocos habían considerado, Dylan ha logrado reunir a la mejor banda de acompañamiento con la que ha contado nunca desde The Band.

La Trilogía del Tiempo y el Amor está bien planteado por todos estos motivos. No sólo tiene la oportunidad de hablar de tres discos maravillosos, si no que también aprovecha para hacer un repaso a todos los acontecimientos que han ido expandiendo el universo Dylan en su última resurrección discográfica. No se deja nada en el tintero e incluso aborda aspectos tan peliagudos como las acusaciones de plagio sobre los dos últimos discos de la trilogía. Sobre este tema, creo que el propio Dylan se ha reído descaradamente incluyendo Early Roman Kings en Tempest (un plagio más que evidente a Manish Boy de Muddy Waters). ¿Aspectos negativos? El principal de todos ellos que, al establecer la trilogía de discos como eje central del libro, el autor se ve obligado a hablar de todas las canciones y en ocasiones hay poco que decir, pero hay que decir algo. Cada vez que empieza la review de un álbum viene acompañada de la tan temida enumeración de cortes. En casos de álbumes tan genéricos como Love & Theft o Modern Times se hace especialmente cuesta arriba por que varios temas son muy parecidos y hay poco que decir.

martes, 10 de febrero de 2015

John Mayall & Paul Butterfield.


En noviembre de 1966 los Bluesbreakers de John Mayall están finalizando las sesiones de grabación del álbum "A HARD ROAD" y les visita en el estudio Paul Butterfield que está de gira con su banda por Gran Bretaña.

Estos dos iconos, que en aquel momento estaban revitalizando el Blues a ambos lados del Atlántico, graban cuatro canciones que salen al mercado británico en formato EP. La discográfica de Butterfield, Elektra, se niega a publicarlo en EE.UU. 

Este EP es pieza de coleccionista, buscado y cotizado, pero puedes disfrutar de las cuatro canciones en la reedición en CD que publicó Decca en 2006 del álbum "A Hard Road".

miércoles, 4 de febrero de 2015

Javier Márquez - Simon & Garfunkel, Negociaciones y Canciones de Amor


Hace más de veinte años que me regalaron mi primer disco de Simon & Garfunkel, Parsley Sage Rosemary & Thyme, y aún sigo sorprendiéndome de las extraordinarias capacidades como compositor de Paul Simon. Hasta ahora me limitaba a admirar su genio como creador y su afán por evolucionar a través de los años. No sabía nada de su vida personal ni de su intermitente y peculiar amistad con Art Garfunkel. El amigo Mansion tuvo a bien prestarme el libro de la editorial Milenio que vamos a comentar en esta entrada escrito por Javier Márquez, gracias al cual he enriquecido enormemente mi percepción sobre el dúo. Después de terminarlo queda claro para cualquier despistado que Paul Simon es uno de los compositores más importantes del siglo XX y que su trayectoria artística no termina después de la separación del dúo, sino que trasciende incluso a su inmenso legado de los sesenta.

El hilo conductor que se mantiene durante todo el libro es la frágil amistad que une a Simon y Garfunkel a lo largo de los años, viendo como cambia de forma cíclica entre las peleas de egos y la necesidad mutua de volver a verse. Teniendo en cuenta la enorme desigualdad artística entre ambos, sorprende que Paul Simon acceda cada dos por tres a compartir escenario con alguién capaz de diluir su presencia escénica en favor de la nostalgia. Y es esperanzador comprobar también como ese vínculo sobrevive a los años y los vaivenes profesionales.


Después de la separación, a principios de los setenta

El libro ofrece al lector un seguimiento exhaustivo de la trayectoria vital de ambos protagonistas y va encajando las piezas casi sin proponérselo, ofreciendo un marco sólido en el que encuadrar discos, canciones y conciertos ya conocidos. Resulta sorprendente redescubrir muchos temas clásicos del dúo gracias a la nueva información ofrecida sobre ellos, en los que era impensable a estas alturas preguntarnos el porqué de su genesis o qué querían expresar en el momento de su publicación de lo asimilados que los tenemos. Javier Márquez nos desvela también el proceso creativo del dúo dentro del estudio, reivindicando a Garfunkel como parte activa en el acabado final, ya que se trabajaba a conciencia sus partes vocales e imponía arreglos y añadidos orquestales apoyado por el productor Roy Haylee. Por ejemplo, un tema como Bridge Over Troubled Water habría terminado de una forma muy distinta si Garfunkel no hubiera insistido en enfocarlo como un canto a la amistad universal, siendo el épico final in crescendo otra de sus inestimables contribuciones.

El libro aclara también algo tan controvertido como la separación de ambos a finales de los setenta, indicando que Garfunkel fue el principal culpable al centrarse en una carrera cinematográfica con la que intentaba conseguir el protagonismo que nunca lograría alcanzar en la música por sí sólo. Esto desembocó en un marcado desinterés que molestó mucho a Simon durante la grabación de Bridge Over Troubled Waters, ya que Garfunkel llegó semanas tarde e intento imponer su criterio en varios temas que ya se encontraban más que perfilados. Otro aspecto crucial contado de forma magistral es el resurgir de Paul Simon a mediados de los ochenta gracias a su interés por la música africana. Sorprende para bien la humildad con la que un genio de su talla logró introducirse en aquella escena musical tan exótica y la extraña, pero efectiva, forma de grabar un álbum fundamental para la historia de la música como Graceland.

El autor del libro se ha documentado de primera mano hasta el más mínimo detalle y se nota por la pormenorizada descripción de los múltiples conciertos ofrecidos a lo largo de los años. Esta información se encuentra apoyada por la mención de una ingente cantidad de títulos de bootlegs y grabaciones piratas que se encuentra desglosada en las últimas páginas del libro para aquel que quiera seguir profundizando en el legado musical de ambos. Resulta admirable el tesón con el que el autor se ha ido documentando a juzgar por la gran cantidad de títulos que se van desgranando a lo largo de sus páginas.


Old friends, winter companions

Para terminar, me gustaría hacer mención a algunos puntos negativos que no terminan de gustarme. A partir de 1970, las carreras de Simon y Garfunkel en solitario se van alternando intentando mantener una línea temporal que resulte comprensible para el lector, pero en casos puntuales ésto no se consigue. Cuando se habla de la carrera de Garfunkel en la segunda mitad de los ochenta, se hace mención a Graceland en pasado cuando aún no se ha hablado de él en el libro. Resulta un poco mareante encontrar esas incongruencias temporales, aunque reconozco la dificultad de mantener esa consistencia cuando se tienen que describir periodos más o menos largos de dos trayectorias paralelas en el tiempo. Otro lastre del libro es la carrera en solitario de Art Garfunkel. Mucho menos interesante que la de su compañero, en cuanto lees su nombre estas deseando pasar y pasar páginas hasta volver a leer sobre Simon. Entiendo que es necesario ir alternando las carreras de ambos, pero se pierde el interés en varios puntos a riesgo de abandonar el libro varios días y queda la sensación de que Garfunkel es tratado de forma demasiado benevolente. Para terminar este pequeño apartado sobre los puntos negativos, decir que el libro fue publicado en 2004 y por consiguiente termina de forma abrupta cuando ya disponemos de una década completa con más discos de Paul Simon o reuniones del dúo que no se han podido tratar. Quizá ya es hora de una nueva edición con la que hacer los añadidos necesarios para actualizar el libro.

En resumen, nos encontramos ante un libro muy interesante con el que profundizar en la historia del dúo más importante del siglo XX. Además, creo que ésta es la primera vez que leo un libro acompañado de un móvil con el que ir viendo los vídeos y las actuaciones que se comentan en él. Si alguien se anima a leerlo, que aproveche la app de youtube para sacar el máximo partido a la experiencia.

Old Friends by Simon & Garfunkel on Grooveshark

jueves, 29 de enero de 2015

10 Canciones Subestimadas de David Bowie (2 de 2)

Teenage Wildlife (Scary Monsters, 1980)

Aunque no pertenezca a la llamada trilogía berlinesa, Scary Monsters establece como álbum un difícil equilibrio entre las pretensiones intelectuales de aquellos discos y la comercialidad de la que Bowie haría gala en los ochenta. El Duque Blanco se sentía muy amenazado a finales de los setenta por las emergentes estrellas como Gary Numan que homenajeaban bordeando el plagio el lenguaje musical que Bowie había desarrollado en la década anterior. Teenage Wildlife es el mejor ejemplo de ello, ya que se inspira descaradamente en Heroes cambiando el romanticismo épico por el miedo a quedar desfasado en el cambiante mundo de la música pop. Hablamos de una canción que no para de crecer, escondiendo emocionantes sorpresas y rivalizando con nada menos que Ashes To Ashes por el puesto como mejor canción del álbum.

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Cat People (Putting Out Fire) (Let's Dance, 1983)

La canción de la que hablamos fue un encargo que Paul Schrader hizo a David Bowie para la banda sonora de la película Cat People. Hablamos de un film de terror erótico de principios de los ochenta protagonizado por Nastassja Kinski y retitulado en España como El Beso de la Pantera. El mítico Giorgio Moroder compuso casi la totalidad de la banda sonora y ejerció como productor para el tema principal compuesto por Bowie. La canción Cat People se encuentra incluida en el álbum Let's Dance en una versión distinta a la de la película, ya que MCA impidió a Bowie hacer uso de la canción original al ser artista de EMI. Cat People es una oscura obra maestra en todas sus encarnaciones que contrasta enormemente con la música que el Duque Blanco publicaba por la misma época para sus álbumes.

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Strangers When We Meet (Outside 2.0, 1995)

Strangers When We Meet no es quizá una canción oculta en su discografía, ya que salió publicada como single para el álbum Outside 2.0 en 1996. Sin embargo, la he traído aquí porque me he dado cuenta de que casi nadie la conoce cuando hablo de ella. El tema apareció incluido en la banda sonora de la película The Buddha Of Suburbia de 1993, interpretada por un jovencísimo Naveen Andrews (Sayid Jarrah en Perdidos). David Bowie la rescataría con muy buen criterio para el álbum Outside 2.0 publicando una versión mejorada con Brian Eno en la producción al final de la cara B. Strangers When We Meet es para mí su canción más lograda de las últimas décadas, al mismo nivel que sus clásicos más conocidos. Resulta extraño escuchar una canción tan redonda en una década en la que el músico no se encontraba en su mejor momento.

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New Angels Of Promise (Hours..., 1999)

El álbum Hours supuso para David Bowie el retorno al clasicismo pop después de coquetear en los noventa con el soul, el drum'n'bass o el álbum como obra conceptual en Outside 2.0. En la portada del disco aparecen referencias concretas a este hecho, ya que en ella se puede ver a un Bowie de apariencia juvenil consolando a un exhausto Bowie maduro con el peinado que lucía en el álbum Earthling. New Angels Of Promise tiene un comienzo instrumental arrollador y unas enigmáticas letras con connotaciones bíblicas y apocalípticas. Si anteriormente dijimos que Hours se decanta por el clasicismo pop, la canción que nos ocupa es la excepción a la regla, encerrando buena parte del nervio del que Bowie hizo gala a finales de los setenta y remitiéndonos a texturas ya conocidas en Lodger o Scary Monsters.

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Valentine's Day (The Next Day, 2013)

Desde la primera vez que escuché The Next Day, Valentine's Day se impuso para mí como la mejor canción de todas sin dejar lugar a dudas. Ya comenté en otra entrada del año pasado que el último trabajo de Bowie no me decía demasiado, pero esta canción encierra toda la magia inherente a lo mejor de su obra. Me extrañó que apareciera como cuarto single, cuando era manifiestamente superior a los otros tres temas extraídos con anterioridad. Una canción que abre con uno de sus mejores riffs de guitarra y que finaliza con un tour de force vocal realmente épico. El videoclip es también impresionante, grabado en una especie de almacén abandonado, la imponente presencia de Bowie con casi setenta años llena todo el espacio vacío ataviado tan sólo con una simple e impoluta camisa blanca.

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