viernes, 21 de noviembre de 2014

BackTrip: DON'T GIVE UP ON ME


Solomon Burke
DON'T GIVE UP ON ME
Fat Possum Records, 2002

Este es un álbum singular ya que supone la recuperación de una de las más grandes figuras del Soul clásico de los 60 y recoge una colección de canciones que surgen de la generosidad de un puñado de músicos que las compusieron y cedieron, ex-profeso, para este proyecto.

Solomon Burke nos regala su interpretación con esa voz tan peculiarmente grave y esa intensidad dramática que imprime a las canciones que interpreta. No en vano, la revista MOJO lo proclamó mejor disco del año y también recibió el premio Grammy al mejor disco de Blues contemporáneo de 2002.

Entre los compositores de las canciones que componen el disco se encuentran Dan Penn, Van Morrison, Tom Waits, Brian Wilson, Elvis Costello, Bob Dylan, Nick Lowe o Barry Mann.

Puedes escuchar Don't Give Up On Me en Spotify.

martes, 18 de noviembre de 2014

Prefab Sprout (6 de 10): Jordan The Comeback


Pasamos el ecuador de este extenso monográfico sobre Prefab Sprout con una entrada dedicada a su quinta entrega discográfica. Un álbum que supone el fin de la etapa clásica del grupo, ya que después de él se producirá un largo silencio de siete años tras el cual nada volverá a ser igual.

Jordan: The Comeback será además el último trabajo del grupo que contará con la participación de Neil Conti en la batería, aunque colaborará como músico tocando en algunos conciertos que Prefab Sprout ofrecerá tiempo después. También hablamos del último trabajo creado antes de que Paddy McAloon se convierta en Prefab Sprout por sí mismo, ejerciendo después de él un control exclusivo y perfeccionista sobre cada nueva entrega. El álbum del que hablamos tiene además el honor de ser el más largo de su discografía. Resulta sorprendente que lograran meter diecinueve cortes en un sólo vinilo, sobrepasando la media hora de duración en cada cara.



A pesar de ser un álbum aclamado por los fans del grupo y ser nominado a los Brit Awards aquel mismo año, Jordan: The Comeback me parece un trabajo algo inferior a lo que el grupo nos tenía acostumbrados. Thomas Dolby vuelve a ejercer como productor y, quizá por ese motivo, el uso de sintetizadores se vuelve más acusado que en otras entregas. Es por ello que hablamos del álbum que peor ha envejecido de todos. McAloon abarca nuevos géneros en esta entrega, pero no alcanza en ningún momento la excelencia de temas pretéritos como Cars And Girls, When Love Breaks Down o Goodbye Lucille #1. Temas estelares como We Let The Stars Go, Carnival 2000 y All The World Loves Lovers no dan la talla en ese sentido, aunque sean inmaculados temas pop habituales en los recopilatorios.

Jordan: The Comeback es un álbum conceptual que trata varias obsesiones de su autor dividiendo el álbum en varios apartados. En allmusic indican que es difícil encontrar una unidad que dé coherencia a las canciones del disco en ese sentido, pero la revista NME dió la clave colocando el titular "Love, Elvis, God And Death" cuando publicó su reseña. Copio y pego un párrafo de wikipedia en el que se explican las diferentes partes de las que se compone:

Del corte 1 al 5: canciones pop.
Del corte 6 al 9: canciones inspiradas en una historia de Paddy McAloon en las que fantasea con la posibilidad de que Elvis Presley estuviera retirado, esperando la canción adecuada para regresar; es parte de la temática principal del álbum en la que también hay dos temas dedicados al malogrado bandido Jesse James.
Del corte 10 al 14: canciones pop-medley inspiradas en la visión particular de Paddy acerca del amor.
Del corte 15 al 19: canciones inspiradas en la particular visión de Paddy acerca de la religión.

Wendy Smith con el peinado para The Sound Of Crying

Esa sería la división si nos atenemos a las diferentes temáticas que su autor quería incluir en el álbum, pero el oyente notará que el quinto disco de Prefab Sprout sigue una estructura similar a Steve McQueen en cuanto a la accesibilidad de la propia música. Hasta All The World Loves Lovers, Jordan se desarrolla con los temas más inmediatos. En este primer bloque se encuadran temas tan conocidos como We Let The Stars Go, Wild Horses o Carnival 2000, pero también habrá agradables sorpresas como Looking For Atlantis, Jesse James Symphony o la propia Jordan: The Comeback para todo aquel que quiera profundizar en la obra del grupo. El segundo bloque se inaugurara con All Boys Believe Anything y se ocupa de una faceta más introspectiva no apta para todos los paladares. En esta otra mitad sobresalen dos cortes excepcionales injustamente desconocidos como son The Ice Maiden y Scarlet Nights. Recomiendo su escucha para cualquiera que quiera sorprenderse y no haya escuchado más allá de las canciones habituales del grupo.

Jordan: The Comeback era el álbum que seguía la evolución natural trazada después de From Langley Park To Memphis, aunque Protest Songs se retrasara en el tiempo y terminara colándose entre ambos trabajos. El álbum que nos ocupa supondrá el fin de los primeros Prefab Sprout, como ya dijimos al principio de esta entrada. Andromeda Heights se publicará siete años después y un paréntesis tan largo supone sin remedio el olvido en un ámbito tan cambiante como el mundo del pop. A partir de aquí, el nombre de Prefab Sprout será olvidado como grupo de primera línea y tan sólo los amantes del pop de calidad estarán atentos a los siguientes e imprevistos lanzamientos.

Para terminar, me gustaría hablar del primer recopilatorio oficial de la banda publicado en 1992. Saldría dos años después de Jordan: The Comeback con el nombre de A Life Of Surprises alcanzando con facilidad los primeros puestos en el Reino Unido y traería dos nuevos temas de excelente factura, sobre todo el primero de ellos: The Sound Of Crying e If You Don't Love Me. Fue el primer álbum que les compré para iniciarme en su música y le guardo un cariño muy especial. Al sonar tanto sus canciones en M80 no andaba yo muy convencido de haber hecho una buena compra, el tiempo terminaría por convertirme en un fan devoto.


sábado, 15 de noviembre de 2014

Prince vs Michael Jackson: ¿Tuvo algún sentido?

Fue, sin duda, el gran combate mediático de los ochenta. La prensa y los medios, hábidos de una suculenta repetición de aquel rentabilísimo Beatles vs Stones de los sesenta, necesitaba nuevos referentes con los que entretener al público y al mismo tiempo, promocionar a las dos nuevas estrellas del firmamento pop. Ambos de color. Ambos nacidos en el mismo año y por una diferencia de apenas dos meses. Ambos talentosos. Ambos compartiendo un gran porcentaje de seguidores. Ambos egocéntricos y excéntricos. Ambos geniales. La batalla estaba servida y así se planteó. Con el cambio de década, la cosa amainó y se demostró que, ademas de que había un claro vencedor (en mi caso, vaya) , todo fue algo pormenorizadamente diseñado por los propios intereses de los que mandaban. CBS y Warner Brothers. Pero, ¿que queda de aquello? ¿Fue necesario? ¿Estuvo equilibrado? ¿Que se ganó y se perdió con aquel enfrentamiento artístico? ¿Tuvo algún sentido? Recordémoslo.


Los Inicios: 

Ambos nacidos en 1958. En Junio Prince Roger Nelson y en Agosto Michael Joseph Jackson. Mientras el genio de Minneapolis disfrutó de una infancia normal donde desarrolló una admiración sentida hacia la figura de su padre, la del de Indiana fue un infierno de absoluta explotación infantil por parte de su progenitor de la que jamás se libraría psicológicamente. Michael Jackson fue un niño prodigio desde que tuvo uso de razón. Esa voz angelical y ese talento sobrehumano para el baile le llevaron directo al estrellato mucho antes que a cualquier otro artista de su generación. El peaje que pagó ya lo conocemos todos. Prince en cambio mamó desde crío la música y la composición gracias a la figura de su padre y a los ambientes en los que se crió. Tuvo que luchar mucho y de forma constante para abrirse un hueco en la música. Como curiosidad, Prince siempre ha admitido que los Jackson 5 fueron una gran influencia en sus inicios al lado de gente tan dispar como Jonnie Mitchell (gran ídolo del de Minneapolis), Sly And The Family StoneJimmy Hendrix o James Brown

Los primeros triunfos: 

Michael Jackson sabía lo que era ser número uno desde que tenia nueve años. Era una estrella absoluta para niños y padres. Prince en cambio, siempre fue (y lo sigue siendo hoy día) un artista underground a pesar de que sus discos se vendían medianamente bien y disfrutaba de un publico fiel. La propuesta de Jackson era mas comercial, mas para todos los públicos. Quincy Jones lo llevó a la cima con el fantástico Off The Wall en 1979. Para entonces, Prince ya había entregado discos estupendos como Prince o Dirty Mind, pero aun no gozaba de la popularidad de su competidor. De hecho, todavía en 1981 le tocó vivir algunos episodios humillantes, llenos de racismo y homofobia por parte de algunos colectivos que aun no estaban preparados para la propuesta provocadora y novedosa del genio de Minneapolis. 

Años 1982-1983: 

1982 es el año clave en las carreras de ambos dos. Mientras que Michael Jackson ya venia lanzado de la mano de Quincy Jones, Prince dió el gran salto cualitativo con el doble album 1999. Un disco que conseguía unir a su publico mas negro (el que le veneraba desde sus inicios) con el publico blanco de la MTV. Prince se hizo estrella. Jackson, con Thriller se universalizaba. Comercialmente seguían siendo incomparables (el éxito de uno sobre el del otro era evidente) pero por Prince ya se interesaban muchos de los mejores músicos de su tiempo. Bowie, Jagger, Waits o Springsteen ya le reconocían su genio. 1983 fue un año de arduo trabajo por parte de ambos. Uno girando y trabajando en otros proyectos paralelos, y el otro ganando millones y Grammys gracias al disco mas vendido e todos los tiempos. La batalla ya estaba servida.


Años 1984-1987

Purple Rain, editado en 1984 y aun hoy, el disco mas exitoso de Prince puso las tablas en el marcador del éxito comercial. Un disco que ademas vino acompañado de una película que también arrasó en los EE.UU. La gira consiguiente colocó a Prince en el lugar donde siempre mereció estar. Lo hacia casi todo el y nadie dudaba ya de que estábamos ante un genio de proporciones gigantescas. Michael Jackson lo supo captar inmediatamente y durante esos años de himpas hasta Bad (1987) se dedicó a girar con sus hermanos y a organizar el USA For Africa, que contó con la colaboración de Prince aunque en forma de inclusión de una canción inédita dentro del album que se editó en paralelo al proyecto. Prince grababa sin parar discos que seguían deslumbrando por su eclecticismo (Around The World in A Day, Parade) y Jackson preparaba minuciosamente su retorno tras el huracán Thriller. Quincy Jones idea la posibilidad de que ambos artistas colaboren juntos en el tema Bad, que daría titulo al nuevo álbum del de Indiana. Prince se niega, y el proyecto se queda en un mero intento que no volvería a repetirse. En 1987 Prince edita su obra maestra Sign´O The Times que no obtiene un gran existo comercial pero si critico y Michael Jackson vuelve a arrasar con Bad. Que cada cual extraiga sus conclusiones.

Finales de los 80 - Principios de los 90: 

En 1988 ambos tienen a su disposición sus propios lugares de operaciones. El complejo Paisley Park para Prince en Minneapolis y Neverland para Michael Jackson en un rancho gigantesco a las afueras de Los Angeles. Mientras a uno le da por blanquearse y hablar con un mono, el otro no cesa en sus conquistas de féminas. Jackson sigue en la cima de su popularidad y a Prince se le empieza a querer mas en Europa que en su propia casa. 1991 vuelve a enfrentarlos. Diamons and Pearls de Prince contra Dangeorus de Michael Jackson. Ambos discos resultan irregulares, aunque Jackson se lleva, nuevamente, el gato al agua comercial. Pero las cosas están cambiando. A Jackson se le cae el mundo encima con las acusaciones de abusos a menores y Prince encuentra la estabilidad sentimental al lado de la española Mayte al mismo tiempo que empiezan sus batallas legales con Warner y su polémico cambio de nombre. Ya nada volverá a ser igual. Pero mientras el genio de Minneapolis si entrega discos con la asiduidad habitual (algunos de ellos brillantes), Jackson entra en un camino de decadencia del que no podrá volver.


Finales años 90 - Principios siglo XXI: 

Prince revive en el nuevo siglo gracias a discos como Musicology o 3121 así como a su reivindicación de genio musical por parte de las nuevas generaciones. Giras exitosas, actuaciones brillantes, etc....ayudan a recuperarle para la causa. Jackson ve como fracasa su ultimo disco de estudio (Invincible, 2001) y como las acusaciones de abusos se multiplican hasta llegar a un juicio mediático sin paranagón. Prince recupera crédito y Jackson queda abocado al ostracismo. La muerte de este ultimo no hace sino certificar que el muñeco se acabó por romper. Prince en cambio sobrevive y mantiene su talento a salvo. A pesar de ello, el de Minneapolis dedica unas palabras hermosas en recuerdo del que fue su gran competidor comercial durante muchos años.

Conclusiones: 

Tuve un amigo con el que compartía siempre conversaciones sobre Prince que siempre me decía (y no despectivamente hacia MJ, ojo): "Prince es un genio y Jackson un muñeco". Si a lo primero pero no a lo segundo. Es evidente que como acérrimo fan de Prince que soy, mi posicionamiento a estas alturas es claro. Jamas entenderé la comparación con Jackson mas allá de que ambos eran artistas de color y que triunfaron (MTV mediante) en una misma época. Porque Prince es una liga diferente. Es la liga de los compositores, de los investigadores, de los instrumentistas superdotados, de los genios musicales. Jackson fue un supertalento para el baile, dotado de una voz espectacular y un artista multidisciplinar absoluto, pero en mi caso, Prince reinará siempre y la comparación (sin matices y tratada de forma exagerada) resulta en si misma una osadía.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Victor Brockis - Patti Smith, Biografía No Autorizada


No soy precisamente lo que se dice un fan de Patti Smith, ya que nunca he ido más allá de su álbum Horses y canciones sueltas de su obra posterior como Dancing Barefoot, Rock'N'Roll Nigger, People Have The Power o Summer Cannibals. Eso no quita para que siempre me haya parecido una de las figuras más interesantes del rock y por ese motivo me he embarcado en la lectura de su biografía escrita por Victor Brockis. Sentía mucha curiosidad por conocer los pasos que la llevaron de poetisa neoyorkina con cierto reconocimiento a primera figura del rock a mediados de los setenta. También me apetecía saber más de esa evolución personal paralela a su carrera discográfica y averiguar el porqué de aquel parón que la mantuvo alejada de la música durante tanto tiempo en la década de los ochenta.

Me gustaría decir en primer lugar que Victor Brockis no es un escritor cualquiera al que se le encomendó la tarea de recopilar información y publicar un libro más o menos decente sobre Patti Smith. Él mismo aparece en esta biografía, ya que fue de gran importancia para ella durante sus primeros años en Nueva York. A principios de los setenta fundó la Telegraph Books, editorial que publicó el primer libro de poemas escrito por Patti. Además, Brockis tiene el honor de ser el primero que la entrevistó de forma profesional tras la salida de aquel libro al mercado con escasa tirada de ejemplares.



El libro está escrito de forma fluida y se apoya con frecuencia en antiguas entrevistas ofrecidas por la propia Patti, así como en testimonios de personas que la conocieron en diferentes etapas de su vida o que fueron entrevistadas por el autor expresamente para el libro. Se podría decir que Brockis desarrolla el cuerpo principal de la historia apoyando siempre todas sus afirmaciones en fuentes externas que aportan la objetividad y confirman muchos de los controvertidos puntos expuestos. Tanto al principio como al final del ejemplar que poseo se intercalan varias páginas con fotografías en blanco y negro utilizadas para ilustrar los momentos clave en la vida de Patti Smith. No es de extrañar que estemos hablando de una biografía no autorizada, cuando la protagonista del libro no sale muy bien parada en algunas partes del texto. Sorprende descubrir que Patti Smith era ya desde su niñez un bicho raro desbordante de imaginación difícil de ubicar en el patio del recreo. Ella misma habla en las páginas del libro de su orgásmica experiencia viendo por primera vez a los Stones en televisión o de la relación intrínseca que siempre ha existido entre su sexualidad y su proceso de creación artístico.

Sorprende descubrir como una persona tan fuerte vista desde fuera dependiera tanto de sus relaciones personales con los hombres. Se le atribuyen romances con gente como Todd Rundgren y Tom Verlaine de Television, así como Fred Smith de MC5. Este último fue su pareja estable desde finales de los setenta hasta su muerte prematura a principios de los noventa. La retiró de los escenarios tras la publicación del álbum Wave, convirtiéndola en una convencional ama de casa de Detroit con la que tuvo dos hijos varones. Otras personalidades importantes que desfilan por el libro son el controvertido fotógrafo Robert Mapplethorpe, uno de sus mejores amigos en los primeros tiempos, Andy Warhol, Bob Dylan o Debbie Harry, la líder de Blondie que siempre mantuvo con Patti una intensa y enfermiza rivalidad profesional. Resulta curiosa la escena en la que se encuentra por primera vez con Bob Dylan, el cual la aborda tras una actuación y le propone sin medias tintas embarcarse en la mítica Rolling Thunder Revue como artista invitada. En cualquier caso, hablamos de un personaje clave en la historia del rock que con sus éxitos y fracasos contribuyó a dar un nuevo impulso a la, ya por entonces, oxidada maquinaria del rock de mediados de los setenta.



El libro hace mucho hincapíe en la poderosa presencia escénica de Patti, tanto como poetisa en sus primeros años como consolidada estrella del rock tras su asociación con el guitarrista Lenny Kaye. Siempre me ha resultado difícil verla como precursora del punk, ya que sólo hay que escuchar un álbum como Horses para descubrir que su música era de mucha más profundidad y calado que la del infantil y contestatario movimiento punk. El mayor problema de Patti en sus primeros años era principalmente no saber contenerse en una entrevista y carecer del filtro necesario para evitar la primera tontería que se le pasara por la cabeza. Tras la publicación de Radio Ethiopia y su fracaso en las listas de éxitos, se convierte en una persona desagradable y ridícula en ocasiones, capaz de hacer las declaraciones más sonrojantes en un escenario por el simple hecho de aportar algún significado político a su música. Su regreso a los escenarios en los noventa tras la muerte de su compañero nos trae de vuelta a una mujer más juiciosa y responsable liberada de la provocación que la había acompañado en sus primeros años de fama.

El libro de Victor Brockis es de lectura obligada para cualquiera que quiera acercarse a la biografía de una artista única en su género. Es de las pocas figuras femeninas que no ha intentado atraer a su público por su físico o estética, apoyando todas sus canciones en la fuerza de su música y la inteligencia de sus textos. Aunque su discografía puede ser calificada de irregular o carente de cierta coherencia, su irrupción con el álbum Horses a mediados de los setenta sólo tiene parangón con el impacto de Like a Rolling Stone en el universo rock diez años antes.