lunes, 4 de marzo de 2013

The Sound of Music (V): Epílogo

Bueno, hemos estado divagando en tres largas entradas sobre los aspectos que servidor quería destacar sobre el problema central: ¿por qué mucha música actual suena tan mal? Es algo sobre lo que habría que reflexionar seriamente. Y tendríamos que hacerlo todos: los que la producen desde luego, porque al fin y al cabo son los que hacen que más que música sea en muchos casos ruido con ritmo; pero también los que consumimos música, porque callando y mirando a otro lado no hacemos sino consentirlo y evitar afrontar el problema.

Con este equipo, los discos de Melendi suenan mejor que Pink Floyd

El amigo y maestro revolver no pierde ocasión de, con mucha sorna, refregarme las bondades y beldades del vinilo cada vez que puede. No le falta razón (por algo es nuestro maestro y gurú musical), pero ya vimos en la primera entrada que más allá del soporte hay otras maniobras en la sombra que son la auténtica causa de todos estos males: las masterizaciones y la guerra del volumen. Mientras pensemos que el problema está en que el cedé suena mal per sé, aviados estamos.

Si hacemos una comparativa con el cine vemos claramente como esa industria ha aprovechado los adelantos tecnológicos para beneficio de los consumidores: hace treinta años veíamos cine en nuestra televisión de tubo catódico (625 líneas, es lo que había) con copias en VHS, cuya fidelidad era en la mayoría de casos más que deficiente; hoy podemos disfrutar de copias en alta definición, cuando no 3D, en televisores LED de chorrocientas pulgadas y con sonido 5.1 y nosecuantas chorradas más. Sin embargo ya comentamos en la anterior entrada como en el terreno musical hemos hecho el camino inverso: de escuchar vinilos de gramaje especial o compactos (de los buenos) en equipos de alta fidelidad, ahora lo que hacemos es escuchar mp3 mierdosos en nuestro portátil o, en el mejor de los casos, en un ipod o similar.

¿Por qué los avances tecnológicos han ido en perjuicio de la música? Por intereses económicos. Pero, ¿por qué los toleramos? ¿Por qué damos la batalla por perdida y nos refugiamos en los vinilos? No nos engañemos, es otra maniobra espuria de la industria: de los soportes digitales se pueden hacer copias baratas y perfectas; de los soportes analógicos no. A ellos les interesa fomentar ahora, de nuevo, la venta de vinilos, y hacen todo lo necesario para ello. Seguirles nuevamente el juego (ya lo hicimos cuando salieron los cedés recomprando discos que ya teníamos, y en ocasiones volvimos a hacerlo una segunda vez con las remasterizaciones) es reafirmar su estrategia. 


En fin, ¿hemos llegado a alguna parte con semejante parrafada? Seguramente a nada, porque ni los compactos empezarán a sonar bien asi como asi, ni los snobs sabiondos dejarán de lanzar loas a los vinilos aunque lo que tengan en casa sea un plato de 70 euros de la fnac, o ni siquiera eso...

Muchas gracias por la atención prestada, dejen sus comentarios antes de irse.