martes, 19 de marzo de 2013

Josh Rouse - The Happiness Waltz


El regreso más esperado por mí de 2013 no era precisamente el de David Bowie, si no el de cierto músico de Nebraska cuyo nuevo álbum me causaba cierta desazón. Y es que después de sus últimas entregas, era complicado apostar porque su nuevo trabajo colmara las expectativas de todos aquellos que habíamos disfrutado tanto de discos como Nashville o Country Mouse, City House. Algunos fans del músico nos preguntábamos si su mudanza definitiva a Valencia había tenido algo que ver con su palpable falta de inspiración e incluso alguno que yo me sé creó una página en Facebook pidiendo que Josh Rouse volviera a Estados Unidos para publicar de nuevo canciones a la altura que nos tenía acostumbrados.

El Turista y The Long Vacations no habían colmado nuestras expectativas, de hecho ni con las mejores canciones de ambos se podría haber creado un álbum a la altura de otras glorias pasadas. Ahora se publica The Happiness Waltz y da miedo pulsar el play, porque un tercer álbum consecutivo que no nos provoque ni frío ni calor podría hacernos perder las esperanzas por completo incluso a aquellos que aún apostábamos por una pronta recuperación artística.

Tengo que confesar que la primera escucha no fue fácil, ya que no podía creerme tan buenas críticas después de sus últimos discos, pero a medida que avanzaban las canciones se confirmaban tan altas expectativas. Parecía imposible, pero Josh Rouse había recuperado sus musas hasta el punto de que The Happiness Waltz parece la continuación perfecta a Country Mouse, City House. En otras palabras, es la recuperación de la senda marcada en sus discos clásicos y significa retomar su producción musical en el punto donde mejor se encontraba. Para alguien como yo, que esperaba ese momento sin demasiadas esperanzas, resulta cuanto menos un milagro.


La cuestión es ahora preguntarse si El Turista y The Long Vacations fueron dos álbumes creados de forma premeditada bajo su riesgo y responsabilidad o bien el reflejo lógico de la mediocridad creativa en la que Rouse parecía haber caído. Es difícil creer que alguien pueda rebajar el nivel de sus trabajos voluntariamente, pero entra dentro de lo posible que el músico intentara plasmar sus nuevas influencias por la inmersión en una nueva cultura y, al transitar por terreno desconocido, hubiera caído en el ridículo en lugar de incorporar nuevos elementos como pretendía. Si es un músico honesto, que lo parece, el intento de incluir en su música todas esas nuevas sensaciones podría haber sido la causa de esa supuesta desorientación.

El álbum ha sido grabado gracias al invento del crowfunding, ese sistema recaudatorio por el que un artista pide una cantidad concreta de dinero para llevar a cabo un proyecto y los fans o aquellos que quieren verlo realizado aportan lo que buenamente pueden. Hará dos semanas estuve mirando los datos económicos en la página oficial del músico y, sin saber la cantidad solicitada, queda claro que había ganas de que publicara un nuevo trabajo, ya que la cantidad recaudada asciende a un 170 % del total que se pidió en un principio.

Josh Rouse ha contado para la grabación de este álbum con la colaboración de su productor habitual Brad Jones y con los dos músicos que le acompañan desde su último trabajo hasta la fecha, Xema Fuertes y Cayo Bellveser. El resultado final rebasa cualquier expectativa, ya que el álbum hace un recorrido pormenorizado por todos los estilos que Rouse había tocado antes de embarcarse en los ritmos latinos y la paella. Es decir, en The Happiness Waltz podemos encontrar los arreglos setenteros que brillaban en el álbum 1972, el mágico pop de discos como Nashville o Subtitulo e incluso las brillantes y reposadas canciones de Country Mouse, City House.


Antes de escribir esta crítica pensaba que las buenas impresiones sobre este álbum eran unánimes, pero me ha sorprendido encontrar otras voces acusatorias que señalan como un fracaso este regreso a la antigua fórmula. Entre las variopintas teorías que se barajan, se habla de que Josh Rouse ha reculado a sus orígenes porque su cuenta corriente tiembla después del fracaso de sus dos últimos discos publicados. Aún en el caso de que estas acusaciones fueran ciertas, supongo que toda esa gente que echa en cara algo así verá demasiado fácil componer un álbum tan mayúsculo como The Happiness Waltz, o incluso no contemplarán la absurda posibilidad de que los músicos sacan discos y hacen conciertos para obtener una remuneración como cualquiera. El bueno de Josh no sabía el nido de víboras en el que se metía cuando emigró a nuestro país.

Tengo que decir que The Happiness Waltz me ha provocado tan buenas sensaciones como ya lo hizo el año pasado Port Of Morrow de The Shins, álbum del que me he llevado meses hablando maravillas en este blog de forma directa e indirecta. Creo que no se va a quedar en el mejor disco de la primavera como indica Nikochan y estoy seguro de que tendrá un hueco en varios apartados si a finales de año hacemos el acostumbrado resumen con lo mejor de 2013.

No quiero ponerme pesado haciendo un exhaustivo recuento canción por canción, así que voy a hablar sólo de los temas que más me han impresionado desde las primeras escuchas. Me gustaría destacar ese comienzo inmejorable con Julie (Come Out Of The Rain), una canción reposada con un remate en los estribillos conciso pero efectivo. Simple Pleasure y This Movie's Way Too Long saben capturar el brillante pop del que Rouse ya hizo gala en canciones destacadas de otros discos como Country Mouse y, sobre todo, Subtitulo. En ambos temas se encuentran las señas identificativas que marcaron en su día la época dorada del músico. It's Good To Have You es una gran canción de arreglos pretéritos que nos retrotraen a las sensaciones que nos dejaron los mejores momentos de 1972. En The Ocean nos ponemos etéreos, alcanzando agradables texturas similares a las de una de las contadas joyas de El Turista, Cotton Eye Joe. Para finalizar, la canción que da título al álbum lo cierra al piano y con un sofisticado estilo a la altura de este celebrado e inesperado retorno.

4 comentarios:

nikochan dijo...

Un discazo. Menos mal que ha vuelto con buen tino... yo casi le daba por perdido. A mi el disco me encanta, es un rayo de luz, esos claros que aparecen después de la tormenta. Y sí, será el disco de la primavera seguro, y claro, también estará si no pasa nada en el top ten personal del año. Saludos y felicidades por el post, me ha gustado mucho. Si te gustó este disco ahora póngase usted con el de Josh Ritter.... una maravilla

Anónimo dijo...

Pues yo no lo encuentro, en Spotify...

nikochan dijo...

Compra segura y por 9 euros!!!!!

Bruno dijo...

Por el momento no soy tan entusiasta como tú con este nuevo disco, pero lo cierto es que después de los chascos anteriores este trabajo suena fresco e inspirado.

Desde luego que echábamos de menos al mejor Rouse, ¡y no ha hecho falta que se volviera a EEUU!