jueves, 24 de enero de 2013

The Sound of Music (IV): La guerra del volumen



Y para no perder la bonita tradición de separar varios meses las entradas de esta sección, esta vez han sido ocho los que han transcurrido desde Mezclas, masterizaciones y remasterizaciones. Allí contábamos cómo, con una nueva masterización adecuada al soporte, las nuevas ediciones de discos compactos proporcionaban un sonido asombrosamente bueno. Pero junto con este avance sobrevino un retroceso que sufrimos hoy día: la conocida como Guerra del volumen.

Cuando parecía que el CD podía ser un formato asombrosamente válido y aprovechable resulta que las discográficas dan otra vuelta de tuerca más y se dedican a manosear las mezclas, y no con motivos artísticos precisamente. La excusa era que supuestamente en la radio al emitir a mayor volumen se llamaba más la atención de la audiencia, y por tanto se pretendía radiarlas al mayor volumen posible. Con esa premisa empezaron a subir los decibelios en las mesas de mezcla, a ver quién conseguía llegar más alto. Hasta ahí la cosa molestaba un poco pero se podía soportar; pero sucedió que, como todo en este mundo, el soporte tenía un límite (en cuanto a volumen) que físicamente no se podía sobrepasar. Y es en este punto donde empezaron los problemas.

La cuestión ahora era, ¿cómo meter más volumen a los compactos cuando ya no se puede subir más? La solución, tan ingeniosa como desagradable, fue añadir mucha compresión hasta el punto de casi distorsionar. ¿Esto qué significa? Pues volvemos de nuevo a hablar del rango dinámico (recordamos que viene a ser la diferencia entre los sonidos más potentes y los más suaves de la grabación): como no era posible incrementar las partes más fuertes se opta por subir las partes más suaves, creando así la falsa impresión de que la canción en conjunto suena más alto. Esto no es así ni mucho menos, ya que el nivel máximo ya viene fijado por el límite del soporte; lo que ocurre en este caso es que se pierden matices y contrastes entre los picos y los valles de la onda. ¿Da la sensación de que suena más fuerte? Sí. ¿Consigue su objetivo? Bueno, eso es discutible.


Breve ejemplo de esta "Guerra del Volumen" (en inglés, pero muy sencillo de entender)

En una grabación digital hay un máximo absoluto de volumen, el cero digital (0dB), que es la mayor amplitud de onda sonora posible. Pues bien, hace unos años la empresa Pro Audio RX hizo un estudio en que se analizó la evolución del nivel medio de los discos compactos desde 1985 hasta la actualidad: en 1985 era de -18dB, en 1990 era -12dB, en 1995 estaba en -6dB, y en el 2000 ya rondaban los -3dB. Esta evolución llegó a su final lógico, que fue alcanzar el máximo absoluto posible en los compactos: en 2008 Metallica publicó el álbum Death Magnetic, llegando al más completo de los absurdos con una masterización insoportable, totalmente comprimida. Ya no era cuestión de que los más tiquismiquis protestáramos (no es mi caso ya que no he soportado nunca a Hetfield y compañía), es que los propios fans criticaron y masacraron el disco por su nefasto sonido, pidiendo de manera conjunta a la discográfica que editara una nueva versión del álbum remasterizada; máxime cuando sucedió lo impensable: estas canciones sonaban mejor en el Guitar Hero que en el propio disco. Surprise surprise: resulta que para realizar el videojuego les mandaron los temas antes de que le metieran mano en la masterización y se cargaran el sonido.

The End Of The Line (Metallica): vemos la onda totalmente comprimida

Otra de las posibles causas (o coartadas, más bien) está en que la tecnología avanza a pasos agigantados y cada vez consumimos música de la peor manera posible: hemos pasado del equipo de alta fidelidad al mp3. Seguramente el grueso de música que se escucha en la actualidad se hace a través de ipods, radios de coches, móviles, etc... ¿Para qué buscar el mejor sonido posible, cuando lo más probable es que vaya a ser escuchado con unos auriculares de mierda andando por la calle? Lo que realmente interesa es que suene realmente fuerte. Y así ocurre que las discográficas consideran su producto cada vez más como fast food en lugar de una delicatessen, y lo dirigen a consumidores con prisa y poco exigentes. No nos engañemos: no piensan en el melómano con buen gusto y criterio musical que pretende degustar sus discos en un equipo de alta fidelidad, no; ellos piensan en el incauto que escuche el último hit del momento en su ipod mientras va en bici.

La terrible consecuencia de todo esto es que sufrimos unos discos con un sonido realmente desastroso. Porque al principio, al meter más señal en todas las secciones de una canción los primeros segundos nos suenan muy bien: todo suena mucho más alto y se perciben más detalles. Pero a los pocos segundos empezamos a notar que algo no va: todo tiene el mismo nivel, no hay contraste entre unas partes y otras. Ese menor rango dinámico hace que pronto nos cansemos del sonido, nuestro oído se fatiga al no tener esos momentos de respiro que proporcionan los pasajes más suaves. 

El quid de la cuestión es que de manera inconsciente muchos tienen asociado este sonido comprimido con el sonar "moderno". Cuando Paul Weller editó Wild Wood en 1993 declaró: “Me da lo mismo que digan que este disco suena retro, ¿qué significa retro? Muchos discos antiguos suenan mucho mejor (que otros actuales), y no hablo de canciones, sino de sonido. Me alegro si Wild Wood suena a los 60 y 70 porque creo que los discos de esta época sonaban mejor y más naturales”. Como leí en una opinión a propósito de este tema, los discos actuales más que música lo que contienen es ruido con ritmo.

 (Sí, por favor)

Como triste anécdota con que adornar el tema, se cuenta que hace unos años para otorgar los premios Grammy (fíjense bien: si hay un premio desprestigiado en el mundo son precisamente los Grammy, pero aún así guardan un mínimo de amor propio como ahora podremos ver), el jurado que tenía que otorgar el premio al álbum con mejor sonido escuchó más de 200 trabajos y no encontraron ni uno solo que mereciera tal galardón. Ante este dilema (supongo que la opción de dejar la categoría desierta no entra en el guión de los premios más comerciales del universo) optaron por premiar al menos malo, dudoso honor que recayó en el que estaba menos sobreproducido. 

Algo así debería hacer replantearse la situación a más de uno, pero parece que seguimos cayendo en el mismo error.

7 comentarios:

Chals dijo...

Hace unos años estudié todo esto, es revelador como los avances técnicos se traducen en mal sonido, pero lo peor de todo es que nuestro oido pierde tambien su capacidad al mismo ritmo que escuchamos mp3. Sera esta una involucion de la especie?, vinilos al poder!!!!!!

revolver dijo...

Estoy contigo, Chals, sobre todo en tu última frase:
Vinilos al poder!!!, amplificadores de válvulas y transistores y altavoces con grandes woofer, para resaltar los graves...Ves Bruno, como no soy el único que te lo dice!!!

mario quema dijo...

Un caso claro de esta ''guerra del sonido'' es mi ordenador portátil, que se carga todos los graves hasta conseguir que el bajo sea inaudible en la mayoría de temas.
Saludos

Rick dijo...

Planteas un asunto cuya importancia es fundamental, aunque casi nadie se para en ello. Tal vez porque la gente no es consciente de que, tras esa ampulosidad que buscan los técnicos (alentados o amenazados por las casas discográficas), se halla la constatación de que unos sonidos tan vacíos como los actuales solo pueden venderse a la masa metiéndoles más volumen: este problema no tiene nada que ver con la técnica, sino con el negocio.
En los últimos años se está advirtiendo de que la vacuidad se disfraza con la potencia; de que la nada solo es comercial si suena muy alto. El contenido se sacrifica en aras de la potencia, porque quienes lo hacen ya saben que el contenido es endeble. Y que los medios de reproducción masivos, sin un mínimo patrón de calidad, son, como su nombre indica, para la masa.

Al final las cosas volverán a su cauce, como demuestra esa inversión de consumo que estamos viendo de dos o tres años a esta parte: no hay tantos aficionados como parece. El vinilo sube, aun en términos muy modestos, y el CD baja. El sonido de verdad, como siempre ha sido, solo puede percibirse en un buen equipo. Y ese equipo es para los verdaderos aficionados. Como siempre ha sido.

Bruno dijo...

Rick, me encanta tu comentario, pues es justo a donde quería llegar: los problemas actuales con el sonido de los discos no tiene nada que ver con la tecnología ni los soportes, sino a estrategias comerciales que van claramente en perjuicio de los valores musicales.

Gracias a todos por comentar. Saludos.

Anónimo dijo...

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Jorge Rozas dijo...

Hola como estas, muy buen artículo la verdad. Creo que es importante la educación, que el mensaje llegue a la mayor cantidad de personas posibles.

La música que suena más fuerte APARENTA sonar mejor, pero no suena mejor. Los músicos y la industria discográfica en general se enfrascaron en una competencia absurda que termina en el momento en el que el consumidor final decide usar la perilla de volumen.

Yo me dedico al mastering y esto es algo que se ve todos los días, discos arruinados porque el cliente siempre tiene la razón (aunque no siempre tiene la información para ver cuanto esta degradando su música).

Escribí sobre el tema en mi blog:

http://blog.7notasestudio.com/guerra-del-volumen-y-el-mastering/

Hablo de las causas, de la historia y hay una explicación más técnica pero no menos accesible.

Además muestro la situación en imagenes con una reseña gráfica que muestra como se ven las formas de onda de varios discos, algunos con un rango dinámico bueno y otros directamente ladrillos /chorizos.

Me gusto mucho el artículo en especial como analizas el contexto y la coyuntura. Espero que el uso de iTunes y Spotify disminuya un poco el exceso de compresión (porque ya cuentan con normalización) y que se de vuelta la tortilla para bien y para que la calidad prime sobre la cantidad.

Te mando un saludo y felicitaciones por el blog, voy a seguir leyendo porque hay cosas muy interesantes.