sábado, 2 de julio de 2011

The Beatles según... David Masson


  • George Martín me comentó que Paul McCartney me había visto en televisión tocando el segundo concierto de Brandeburgo de Bach, en una retransmisión en directo desde la catedral de Guilford. Paul se había fijado en una pequeña trompeta más pequeña de lo habitual, y le había gustado como sonaba. Pensó que era un instrumento manipulado o quizás algo nuevo. Los Beatles siempre iban detrás de nuevas ideas, y pidió a George Martín que me invitara a tocar para experimentar. Nadie sabía exactamente que íbamos a hacer; yo llevaba varias trompetas y más que nada toqué la pequeña. ¿Qué? ¿Te gusta?, le pregunté. Paul dijo que sí. ¿Quieres oírla con sordina?, dije. No, no, ni hablar, contestó. Había escuchado las demás trompetas y ésta le parecía algo nuevo.

  • Penny Lane era la canción de Paul. Él lo hizo todo, incluso me dirigió. George Martín sólo tuvo que transcribirla. Pienso que querían asegurarse de que yo no cobraba por los arreglos, porque una semana antes habían tenido un interprete de música clásica que les había cobrado. Paul se sentó al piano, tocó unos acordes, cantó un poco, y hizo Dum da digga dum. ¿Puedes tocarlo?, me preguntó. Lo hice y dijo: No, un poco más alto. Así está mejor. Así suena bien. Lo ponemos tal cual. Y George lo escribía. Tardamos tres horas en escribirla y decidir el contenido del disco. Diría que la grabamos en diez minutos. En esa época eran incapaces de borrar una cinta. Tenían dos cintas originales y sólo lo toqué dos veces. Por suerte las dos salieron bien. Y ellos quedaron satisfechos. Creo que a nadie, ni a George Martín ni a los Beatles se le ocurrió pensar que iba a ser nada especial. De ser así, hubieran incluido el pago de un royalty en el contrato.

  • Recuerdo que la mayoría de las sesiones eran de madrugada, entre las doce y las tres. Durante el día estaban todos ocupados. Si eres interprete de música clásica estás siempre metido en obras sinfónicas, y es muy distinto a la música pop. He grabado bandas sonoras de películas con todas las grandes orquestas de los estudios Pinewood y obras de más importancia en muchos otros estudios, pero ahí está todo escrito y es pura música de películas. Penny Lane fue mi primera experiencia en un terreno más bien de música jazz-pop comercial. A partir de ahí me invitaron a un montón de estudios raros situados en pequeños sótanos a altas horas de la noche. Al entrar, sólo había un par de músicos con pelo largo que decían: Ah, ¿eres el trompetista?. Y yo decía: ¿Y la partitura?. No tenemos, tío. No hay partitura, te respondían. Entonces, ¿qué tengo que tocar? Canturreaban algo y, tarde o temprano, me decían lo de ¿Podrías hacer algo parecido a lo que hiciste con los Beatles?. Pensaban que era algo improvisado.
David Masson.