viernes, 13 de febrero de 2009

Bowie y el Gran Hermano

Este disco estuvo a punto de apartarme de David Bowie para siempre. Fue el segundo disco que le compré y venía muy impresionado por la gran obra maestra que fue para mí su álbum Ziggy Stardust. Quizá Aladdin Sane o Hunky Dory habrían resultado más fáciles de asimilar, pero Diamond Dogs fue un cambio radical a algo demasiado tenebroso que me pilló desprevenido.

Me enfadó mucho no volver a reencontrarme con el pop majestuoso y pegadizo de Ziggy Stardust, álbum que recomiendo encarecidamente.
Diamond Dogs se me hizo un álbum muy extraño, repleto de guitarras de sonido sucio y títulos algo extraños como We Are The Dead. Sólo me gustó desde el primer momento el medley de la cara A compuesto por Sweet Thing / Candidate / Sweet Thing (Reprise). Incluso ahora sigue siendo mi momento favorito del álbum. Por culpa de este disco estuve apartado de Bowie varios años, desengañado de su música y sin ningún interés por su carrera discográfica.

Lo más extraño de todo esto es que el tiempo todo lo cura y, recuperando el álbum s
implemente por curiosidad al cabo del tiempo, pude darme cuenta de que Diamong Dogs es una de las obras maestras mejor construidas de su carrera, que ya es decir. Las canciones del disco fueron gestadas dentro de un ambicioso proyecto musical para recrear el paranoico libro de George Orwell, 1984. Rastros de estos primeros pasos se encuentran claramente en las canciones 1984, Big Brother o en el gráfico opening del álbum, Future Legend. El musical proyectado no llegó a cuajar, la viuda del escritor se negó a ceder los derechos, por lo que Bowie tuvo que aprovechar el material ya compuesto en su nuevo álbum de estudio junto con otras nuevas composiciones. El resultado es una amalgama algo extraña con temas glam y canciones orwellianas, con un Bowie en plena transición desde su época más gloriosa a otra algo más oscura, difícil y fria que desembocaría en Station To Station.

El propio Bowie toca la guitarra principal en el álbum, momento de transición también entre sus emblemáticos guitarras Mike Ronson y Carlos Alomar. El sonido sucio de esas guitarras se deja oir claramente en la canción que da título al álbum, Diamond Dogs, y en el último single glam de su carrera, Rebel Rebel. El medley completo de Sweet Thing es sin lugar a dudas la canción insignia del álbum donde despliega unas facultades vocales increibles (creo que ya lo he dicho, pero es bueno insistir). De la cara B me quedo con la triada final de canciones que empieza con el aire retro de 1984 y finaliza con una de las canciones más sui generis de su carrera, Chant Of The Ever Circling Skeletal Family. La portada tambien viene con sorpresa, ya que al desplegar el vinilo o el libreto interior del CD te encuentras con la otra mitad del cuerpo canino de Bowie. Una imagen impactante que pierde parte de su encanto por las dos extrañas figuras femeninas en el cartel de atrás.

Un álbum que mejora con los años, al menos eso fue lo que me ocurrió con él. Difícil encontrar algo así.

1 comentario:

jordi dijo...

Es muy cierto que Diamond Dogs es un disco que con los años ha ganado en prestigio.
En mi opinion es el menos interesante de los 70 de Bowie, lo cual no significa que sea mediocre sino que desde space odity (70) a scary monsters (81) el nivel es muy alto.
Personalmente hay alguna canción que me chirría mucho.
Pero lo que quiero comentar es el asunto de la portada, pues detrás de la misma se esconde toda la grandeza de Bowie, y no lo digo ironicamente, por un lado le pispó el ilustrador a Jagger que lo había fichado para la portada de I'ts only r'n'r, saliendo antes al mercado Diamonds por lo que le chafó el efecto sorpresa.
Por otro lado se basa en el primer disco de Jobriath, donde aparece tumbado con la parte superior del cuerpo en la portada y la inferior en la contraportada.Puro Bowie.