viernes, 8 de febrero de 2013

Julián Maeso - Dreams Are Gone

Se me ha hecho un poco tarde para la reseña de este disco, editado hace ya bastantes meses y reconocido por muchos medios como uno de los mejores trabajos nacionales del pasado 2012, si no el mejor. Aunque el libro de los gustos está en blanco hay bastante unanimidad con respecto a este álbum, y lo cierto es que no puedo más que refrendarlo desde mi humilde púlpito: ya desde la primera escucha este disco me llamó la atención y supo engancharme. Aunque se trate de dos discos bastante diferentes hubo algo que me hizo recordar al Gentle Spirit de Jonathan Wilson del 2011: ambos son discos que parecen salidos de otra época, más aún en el caso del que hoy nos ocupa ya que se trata de un disco muy Laurel Canyon que sin embargo se ha gestado y grabado muy muy lejos de allí, de manera artesanal y entre amigos, todo ello cocinado muy lentamente y con el cariño que precisa.

Pero no nos equivoquemos ya que el señor Maeso no es ningún aficionado, más bien al contrario: en su currículo comprobamos su pertenencia a diferentes bandas como The Sunday Drivers o The Sweet Vandals, además de múltiples colaboraciones con artistas como Quique González y M-Clan. Su talento está más que reconocido y su Hammond tiene solera, como se dice aquí. Lo que ocurre es que en esta ocasión ha dado un paso adelante, dejando de ser un gregario de lujo, para ponerse al frente y tomar las riendas de su nueva aventura en solitario.

Y eso que este "parto" no fue fácil: Maeso se mudó a tierras valencianas y buscó trabajo fuera del negocio musical, pero el gusanillo le seguía picando y se montó un estudio en casa donde poco a poco, durante muchos meses y con la ayuda de amigos, fue dando forma a estas 19 canciones que forman su debut en solitario, y con las que rinde homenaje a la música que ha mamado desde pequeño y que conforman su vademecum musical: rock, blues, soul, americana, folk... Se trata de un disco que, como también ocurría con el citado Gentle Spirit, requiere tiempo. Tiempo y quizá más de una escucha, porque no es fácil de aprehender a menos que sepamos con qué nos las estamos viendo. Cada canción es muy diferente del resto, pero eso no le quita coherencia y contundencia al conjunto, sino que conforman un amplio collage de estilos y emociones que realmente podemos decir que nos transporta al sur de los EE.UU. sin que nos demos cuenta.


Que Maeso es un auténtico virtuoso con su Hammond (hay que verlo, uno de los de años ha, arreglado y remedado una y otra vez pero que suena de muerte) queda claro a las primeras de cambio, pero como compositor e intérprete no se queda atrás, sorprendiéndonos en este trabajo al hacerse cargo también de guitarras, bajo, batería, ukelele, y otros muchos instrumentos en varios de los temas. Espléndidamente acompañado por viejos amigos y compañeros de fatigas, el resultado es de una calidad sobresaliente. Se trata de un disco brillante, fantásticamente producido y que apenas flojea.

El primer disco abre con A hurricane is coming, tema in crescendo que nos sirve de anticipo para lo que nos viene adelante: de la acústica levemente rasgueada a la orgía apocalíptica de la parte central, para terminar suavemente como al principio. Little by little es un tema más rockero, con un riff irresistible y una ejecución impecable. We live behind a shadow es uno de mis temas favoritos, con unos coros simples pero efectivos, sobre todo en la parte a capella. Missing but singing se nos ofrece con dos tomas diferentes, siendo la primera de ellas (curiosamente la Take II) un reggae que chirría un poco pero que no desentona del todo.

El segundo disco, más acústico y menos rockero que el primero, abre con Daytona, tema instrumental que en mi opinión se podía haber ahorrado. Far station es un oscuro tema que nos transporta al western profundo, con el que esperamos ver aparecer a Wyatt Earp en cualquier momento. You'd better not hurt me again es un gospel-country que promete más de lo que ofrece, por una interpretación más contenida de la cuenta, sobre todo el Hammond. Men & Ladies es un tema folk que nos recuerda al primer Dylan

Por poner una pega al álbum sería la secuenciación de los temas ya que el segundo disco, sobre todo el tramo final, resulta demasiado blando y monótono. Pero esto no debiera cambiarnos la impresión global del mismo, tratándose de un disco ambicioso y muy muy bien resuelto. Resulta sorprendente, a tenor del resultado final, que un disco así se haya realizado de manera casera y con medios limitados; quizá cosas como esta debieran dar que pensar a más de uno: el talento se sobrepone a la falta de medios, pero nunca al contrario.

1 comentario:

revolver dijo...

Bruno, gracias por descubrirme este álbum.
Comparto contigo que es mejorable la secuenciación, incluso un sencillo en lugar de un doble hubiera mejorado las posibilidades comerciales, pero el artista decide sobre su obra, así que disfrutemos de la música, que es lo importante.