jueves, 11 de marzo de 2010

Josh Rouse - Nashville


Siempre que leo o escucho la palabra Nashville en alguna parte, la relaciono sistemáticamente con aquellos virtuosos músicos de country que arroparon buena parte de la mejor obra de Bob Dylan, albumes como Blonde On Blonde o John Wesley Harding. Las buenas vibraciones que me transmitía el nombre de esta ciudad se han reforzado aún más desde que este álbum se ha convertido para mí en un clásico incombustible. Y es que Nashville de Josh Rouse es un disco que atesora una música exquisita de principio a fin, nacida de uno de los compositores con más estilo del panorama musical actual.

Mi primer contacto con
Josh Rouse no fue tan entusiasta como ahora puede parecer, ya que lo conocí a través de otros discos posteriores. Aquella primera toma de contacto me dejó un poco frío y, a pesar de las buenas recomendaciones de dos amigos que insistían en dármelo a conocer, no me convertí al joshrousismo hasta el pasado mes de octubre, cuando asistí a un concierto de este señor en el Puerto de Santa María. Me gusta hacer los deberes antes de ver a alguien en concierto, así que escuché parte del material que aún no conocía del susodicho. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí el álbum que nos ocupa, aún más cuando revisité otros discos que ya conocía bajo la esclarecedora luz de esta nueva referencia. Me he resistido a escribir sobre Josh Rouse y su música, porque no me considero moralmente capacitado para hacerlo, sobre todo cuando aquellos que me lo recomendaban tienen o tenían blogs operativos en los que aún no han mencionado su nombre. Que yo, un maldito impío que ha vivido en la ignorancia voluntaria durante tanto tiempo, destape el tarro de las esencias en lugar de ellos no me parece lo correcto... pero en fin, todo esto lo escribo para que los aludidos puedan reírse al leer esta referencia. Va por ustedes.

Josh Rouse es un músico norteamericano que lleva más de una década en activo publicando trabajos donde el pop se entremezcla con otros géneros tan elegantes como el soul para crear preciosas canciones de un poder evocador extraordinario. Ya desde la salida al mercado de su opera prima en el año 1998, Dressed Up Like Nebraska, obtuvo un merecido reconocimiento como músico y extraordinario compositor. Nashville, publicado en el año 2005, es hasta ahora el trabajo más recordado y celebrado de toda su discografía. Fue precisamente por aquellas fechas cuando se produjo un profundo cambio en su vida, ya que el destino quiso que se enamorara de una chica española llamada Paz Suay, dejando sus raices en los EEUU para mudarse a España simple y llanamente por amor. Todos sus discos posteriores (salvo el último que acaba de publicar) han sido registrados en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María. Josh Rouse comentaba en una reciente entrevista que se ha ido empapando gradualmente durante estos cinco años del ambiente y el aroma de la costa española, ya sea en Cádiz o Valencia, donde reside actualmente, hasta tal punto que su último trabajo llamado El Turista supone un profundo cambio en su carrera, influenciado totalmente por sonoridades latinas procedentes sobre todo del continente sudamericano. El tiempo dirá si esta nueva dirección que ha tomado ha sido equivocada o no.

Nashville se abre con una de las canciones más poderosas del disco, It's The Nighttime. Es fácil mover los pies con las primeras notas de la guitarra para después deslumbrar con unos luminosos y optimistas estribillos. Winter In The Hamptons debería ser reivindicada como clásico tan sólo por los característicos pararapapá que adornan los estribillos, convirtiéndola en uno de los temas más fácilmente identificables de todo el álbum. Carolina es otra gran canción, solicitada en repetidas ocasiones por el público que asistió al concierto celebrado hace algunos meses en Cádiz. Otro tema a destacar es Sad Eyes, canción que pasa algo desapercibida durante las primeras escuchas del disco. Los compases del piano acompañan la voz melancólica de su autor para después explotar en un acompañamiento que refuerza aún más si cabe las preciosas melodías que se venían repitiendo desde el principio. En resumen, este disco es uno de esos pocos que no tiene desperdicio. Antes comenté de pasada el poder evocador de la música de Josh Rouse y no lo dije por decir. Advierto que la persona que escuche este disco, quedará hechizado para toda la vida y siempre que vuelva a él, le vendrán a la memoria un buen puñado de buenos momentos acompañados de, por supuesto, muy buena música.