jueves, 5 de diciembre de 2013

Bunbury - Palosanto


En todas las entrevistas que Enrique Bunbury viene realizando para los diferentes medios dentro de la campaña promocional de su nuevo album Palosanto, repite constantemente una frase que es toda una declaración de intenciones respecto a como el propio músico entiende su oficio: "Yo hago canciones, para que el pueblo me las cante". Bunbury es un cantante popular, siempre ha querido que fuera así, y durante años se ha ido despojando de cualquier poso underground. Su rock fronterizo, sus guiños constantes a la musica popular latinoamericana y la apasionada y permanente busqueda de nuevos caminos y sonidos, definen el adn de este músico que para servidor, hace tiempo que se ganó mi bendición. Pienso ademas que desde su formidable album Las Consecuencias (2010), su espectro musical se ha abierto mucho mas y sus canciones han ganado en profundidad y exquisitez. Palostanto es el colofón perfecto de esa evolución.

Dos discos en uno. Con una primera parte mas profunda, densa y detallista. Y una segunda parte mas introspectiva, personal y directa. Un album para escucharlo tal y como se ha concebido. No es una mera colección de canciones, como era el exhuberante Flamingos, sino que este album enlaza inevitablemente con sus joyas Pequeño y el citado Las Consecuencias. Su primera parte, es la que a servidor le ha maravillado desde un principio. Contiene las canciones que llevaba tiempo esperando escuchar de parte de este aragones herrante. Temas llenos de profundidad, matices, fondos instrumentales que dotan a su musica y su mensaje de mucho mas calado. 



Despierta, tema de adelanto del album, consigue su proposito de despertar las conciencias de quienes le escuchan. Pero lo mejor viene despues con canciones como El Salvavidas, Los Inmortales o Prisioneros. Tres temas densos, en donde Bunbury se recrea en la instrumentacion exquisita, y donde estrofa a estrofa nos envuelve en un ambiente de relajación y reflexión únicos. Este es un disco para escuchar en el sofá de casa, relajadamente y degustando todos los aspectos del disco, como ese bajo, presente de forma permanente en todo el desarrollo del disco y que sustenta la mayor parte de las nuevas canciones. En esta primera parte hay tambien rabia y tensión como en las aguerridas Habrá Guerra en las Calles o en Destrucción Masiva, pepinazo que seguro abrirá sus conciertos y que a mi me recuerda sospechosamente (llamadme loco)  al Personal Jesus de Depeche Mode (¿?). Y para acabar otra delicia aun mas tenue y calmada como la excelsa El Cambio y La Celebración, canción comedida y de formato casi inedito en el cancionero Bunburyano y que finiquita esta primera parte de una forma magistral.


La segunda parte es mas terrenal, mas personal y sin duda, mas sujeta a la tradición bunburyana. No resiste comparación con la primera parte del album pero tampoco la pretende. Podemos desvincularla y hacerla nuestra, porque es un notable ejercicio de autoreflexion en el que Enrique simplemente nos transmite que si no podemos cambiar el mundo tal y como lo estamos conociendo, si podemos cambiar el nuestro propio (familias, entornos, amistades...) y así, con pequeños cambios cotidianos, hacer que el mundo gire hacia un tiempo mejor.

Me sobran algo Hijo de Cortes y Mar de Dudas, quizas porque me recuerdan a ecos de un pasado algo trasnochado, pero en cualquier caso se trata de dos buenos temas. Pero sobresalen otros como Miento cuanto te digo que lo siento, la excelente Nostalgias imperiales y sobre todo dos de las piezas angulares de la obra. Plano secuencia, que es una autentica amalgama de estilos e ideas buen construidas, y con un Bunbury a la voz en un estado verdaderamente superior. Y el final con Todo, un cierre-despedida ideal para un album con tantas despedidas entre sus recovecos. Lo ha vuelto a hacer, y Bunbury ha vuelto a dar un paso de madurez creativa en una carrera que parece no tener un fin muy cierto. Y ademas, pariendo uno de sus mejores discos de su carrera. Un disco que funciona globlamente como ningun otro que haya hecho antes, sinceramente. Gracias, maestro.