jueves, 13 de enero de 2011

The Velvet Underground (IV)

Sucede que en este punto, se quiera o no, ya no se trata de la V.U.. Al menos no de la misma V.U. de la que empezamos a hablar unos cuantas entradas atrás. Como sucedió que Reed fue el miembro de mayor éxito tras la disolución del grupo mucha gente creyó (y cree) que la V.U. era "la banda de Lou Reed". Pero a poco que uno escuche con un mínimo de atención, y ni siquiera eso, los dos siguientes trabajos se da cuenta del tremendo error de esa afirmación. Se llaman igual, sí, pero podría decirse que musicalmente comparten poco más.

En el verano de 1968 las tensiones entre Reed y Cale son cada vez mayores; Morrison y Tucker se ponen de parte del primero y es el músico galés quien abandona el grupo echando pestes de sus compañeros. Este enfrentamiento duró muchos años, y salvo el famoso directo con Nico en Le Bataclan (París) del 72, tuvo que ocurrir algo tan dramático como la muerte de Andy Warhol para que Cale y Reed se reencontraran en un estudio: fue para grabar un álbum tributo al pintor, titulado Songs for Drella (1990).


Para suplir la ausencia del galés aterriza en la banda el por aquel entonces desconocido bajista llamado Doug Youle, que procedía de Grass Menagerie. Con la salida de Cale el grupo abandona la experimentación y el sonido vanguardista para dar paso a la antítesis de su anterior trabajo: The Velvet Underground (1969) es un disco bastante dulce, donde Reed asume el total protagonismo para mostrar su vertiente más intimista y romántica.


Si hasta entonces la distorsión había sido el sonido característico de la V.U., ahora sorprendían en sentido totalmente opuesto con este álbum. Las guitarras de este nuevo trabajo son más precisas, controladas, creando entre Reed y Morrison atmósferas tranquilas, apacibles, una madeja de sonidos y sensaciones totalmente alejadas de sus anteriores temas.


Candy Says: el disco empieza con un tranquilo e impresionante tema conducido por el suave arpegio de guitarra. Con un sonido relajado, una ejecución precisa y una estructura controlada, el tema supone la primera de las sorpresas no ya por el sonido convencional, sino porque es Youle quien lo canta. La mezcla final adolece, una vez más, de excesivo eco aunque esto no desluce en absoluto esta magnífica canción. Prepara la atmósfera adecuada para el resto del álbum.



What goes on: Reed retoma su puesto al frente de la banda para atacar directo al estómago con esta canción, algo más en la línea (aunque ejos) de sus anteriores trabajos. La guitarra potentemente rasgueada y los tambores de Tucker sirven de base para el desarrollo de este rock’n’roll de casi cinco minutos, en el que nos llama la atención el penetrante órgano. La guitarra de Morrison sigue sonando chirriante, aunque bastante alejada de los distorsionados y desafinados solos a que nos tenía acostumbrados. Un tema bastante versionado.


Some Kinda Love: canción menor frente a las dos anteriores, si bien no destaca ni musical ni compositivamente el más que efectivo trabajo de guitarras hace que no perdamos el interés. Reed, más que cantar, se limita a recitar la letra que nos habla de Marguerita, Tom y los diferentes tipos de amor (And no kinds of love / Are better than others). Tema de transición.


Pale Blue Eyes: uno de los hitos de este álbum la encontramos en este tema, que podría resumir y condensar el nuevo espíritu de la nueva V.U. en poco más de cinco minutos. Sin sonarnos totalmente extraño, sabemos que estamos ante algo nuevo, una banda que ha reconducido sus pasos… y lo hace igual de bien que antes. Muy sencilla la base rítmica a cargo de pandereta y bajo, para no restar protagonismo a la guitarra que dibuja la relajada atmósfera necesaria para que Reed cante a su amante (The fact that you are married). Uno de sus mejores temas.




Jesus: muy en la línea del tema que le precede, parece la continuación lógica e inevitable en el álbum. Si bien la V.U. ha cambiado totalmente de rumbo con este trabajo, esta letra parecería reflejar las dudas de la banda (Jesus, help me find my proper place / Help me in my weakness ’cos I’m falling out of grace). Como en la anterior canción (y en otras muchas), destaca el delicado trabajo de guitarras, casi íntimo, y la sencillísima y conmovedora letra de Reed.


Beginning to see the light: quién sabe si auto-respondiéndose a sus dudas expresadas en el anterior tema, el grupo retoma el rock’n’roll con fuerza y a la vieja usanza. Letra repetitiva y ritmo machacón que, inesperadamente, irrumpe en el cambio del middle eight. Interpretación con más garra que precisión, es un tema que insufla fuerza y ánimos a las alturas que nos encontramos del disco. Reed resuelve el apartado vocal con limitaciones aunque con soltura e imaginación.




I’m set free: tema de cíclico desarrollo in crescendo, consigue mayor grandiosidad en la ejecución que el anteriormente citado All tomorrow’s parties de producción excesivamente pesada. Canción con fuerza aunque con poca pegada, ya que al reiterar el mismo esquema varias veces cansa. El solo de guitarra disonante destaca y llama nuestra atención por su interpretación despreocupada.


That’s the story of my life: descaradamente de relleno, se trata de un sencillito tema country con una letra absurda (That’s the story of my life / That’s the difference between wrong and right). Ritmo movido y con cierta gracia que, no obstante, no evita que el tema se olvide en el mismo instante en que acaba.


The murder mystery: seguramente el tema que menos encaja en el álbum, lo que hace que se destaque del resto no ya por una mayor calidad musical o en la ejecución, si no por su concepción experimental y más arriesgada que las demás canciones. Se trata de un larguísimo collage musical de casi nueve minutos, con dos partes claramente diferenciadas. En cada una de estas dos partes cantan los integrantes de la banda, por parejas y a la vez: Lou al tiempo que Sterling (más que cantar recitan) y Doug hace lo propio con Moe. Esta alternancia entre ambas partes, claramente diferenciadas, ofrece al mismo tiempo dos arreglos diferentes: el primero dominado por las guitarras rasgueadas y los tambores, y el segundo con el órgano y los riffs de guitarra en primer plano. La coda final supone un nuevo cambio de ritmo guiado por un repetitivo piano.




After hours: tras el desconcertante tema que le precede, el tema que cierra el álbum pretende dejar un suave y agradable sabor de boca, y resulta quizá excesivamente dulzón. Moe vuelve a tomar el micro para interpretar este intrascendente tema que al menos sirve para rebajar el tono.



continuará...