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domingo, 11 de enero de 2015

Fernando Merinero - Las Huellas de Dylan


Tengo que agradecer al amigo Mansion el préstamo de este documental en DVD, ya que ha supuesto para mí recordar una de las experiencias personales más intensas en lo que a música se refiere. Las Huellas de Dylan es un documental de acercamiento al músico a través de sus fans y para ello recoge infinidad de testimonios a través de los cuales el profano puede intuir que significa Bob Dylan para todos aquellos que lo veneramos.

El documental fue rodado en 2004 durante su gira española en la que visitó ciudades como Motril, Córdoba o Santiago de Compostela. Para mí no ha sido un documental más sobre tal o cual músico, ya que lo que refleja fue vivido por mí en primera persona durante mi visita a Córdoba para ver al más importante de todos mis mitos musicales. Y es que, aunque no lo parezca por el volumen de entradas que dedico a unos y a otro, Bob Dylan está a la misma altura que los Beatles en mi panteón particular con la diferencia capital de que aún puedes verlo en directo. Recuerdo que aquel año tuve que elegir entre ver a McCartney en Madrid y a Dylan en Córdoba... no lo dudé un instante. Fue la primera de un total de tres veces: Córdoba 2004, Collado Villalba 2006 y Jérez de la Frontera 2008 (si mal no recuerdo).



En primer lugar, me gustaría decir que este documental parte de una idea genial y sumamente práctica. Teniendo en cuenta que Dylan es impenetrable a la prensa, que mejor que acercarse a su figura de la mano de sus fans. De esa manera puedes retratar un aspecto que ni el propio Scorsese consiguió en No Direction Home: capturar la imagen que el fan de la calle tiene de su ídolo. Desde el veterano curtido en mil conciertos hasta el imberbe nervioso que va a verlo por primera vez, desde la estrella de la canción al hippie de la camioneta con su esposa japo... todos sin excepción se sienten traspasados por esa enigmática figura que ha sido protagonista principal del siglo XX y parte del XXI. Tengo que decir que de toda la gente que ha participado en este documental, la intervención que más me ha llegado ha sido la de Joaquín Sabina. Es otro de mis ídolos musicales, quizá mi número uno a nivel nacional, y me quito el sombrero ante su percepción personal de Bob Dylan. Eclipsa al resto de entrevistados y, cada vez que se asoma, suelta una certera genialidad a la que intenta quitar hierro con su correspondiente broma.

Por otro lado, me ha sorprendido reencontrarme en este DVD con fans de a píe como Antonio Iriarte o Antonio Terni, ya que compartí con ellos varias horas esperando a las puertas de El Fontanar bajo un sol de justicia. Por cierto, que poco tiempo le dedican al público de Córdoba. Al menos a mí me lo parece, ya que tenía la esperanza de verme en la cola. Si hubieran grabado la apertura de puertas, estoy seguro de que se habría visto a un sevillano de casi dos metros corriendo como una quinceañera para llegar a las primeras filas (me quedé en la cuarta o quinta).


Joaquín Sabina y Benjamín Prado, de lo mejor del documental

Lo más destacable para mí de Las Huellas de Dylan es como captura lo divino y lo humano de los fans de Dylan. Aparece gente que da gusto escuchar ofreciendo opiniones con las que puedes sentirte más o menos reflejado o que incluso te muestran un nuevo enfoque sobre tu ídolo. Otros sin embargo, los menos, desvarían ante la cámara e intentan por todos los medios transmitir su desmedida pasión por el músico. Tanto esfuerzo dialéctico en estos casos no hace otra cosa que sacar a la luz el lado más oscuro de los dylanitas: la intransigencia, el amor ciego en el que la música queda eclipsada por la figura mesiánica... en definitiva, el acólito incapaz de entender otra realidad que no sea la suya. Ser dylanita tiene también sus luces y sus sombras. El único punto negativo que me parece imperdonable es ese artificioso montaje de intervenciones en el que se aparenta un diálogo entre los entrevistados. Lo de Loquillo y González Sinde me parece de muy mal gusto, no entiendo donde está la gracia y no merecía la pena manchar un documental tan entretenido con un montaje tan ridículo.

Las Huellas de Dylan gustará a los fans del músico, pero también acercará a los profanos a una de las sectas musicales más peculiares y excéntricas de la música rock. Merece la pena.


sábado, 25 de octubre de 2014

Simon & Garfunkel - DVD: The Concert In Central Park.


Aunque durante muchos años circuló oficialmente en su versión en VHS, el aquí comentado es la versión en DVD. Y es que estamos ante uno de los conciertos mas famosos de su tiempo. Celebrado el 19 de Septiembre de 1981 en el famoso parque urbano de la ciudad de New York, The Concert In Central Park es un documento imprescindible y un buen reflejo de la grandeza de la música que Paul Simon y Art Garfunkel crearon durante las décadas de los sesenta y setenta. Ante mas de medio millón de espectadores, el dúo repasa las canciones mas relevantes de su repertorio, alguna que otra versión ajena y varias joyas de sus carreras en solitario.

Lo primero que llama la atención es el carisma que desprenden los dos juntos. Art, ataviado de un chaleco negro y vestido de vaqueros es todo expresividad. Paul, siempre mas introvertido, se muestra alegre y mas "hablador" de lo normal. Su look de americana sobre camiseta blanca causó furor en la moda de la época. Hay que recordar que esta actuación supuso la primera reunión en vivo del dúo y ante los ojos de su público desde su famosa ruptura once años atrás y con la salvedad de unas actuaciones conjuntas y benéficas en 1974. Solventadas muchas diferencias personales, la relación que ambos expresan en el escenario es la de respeto y atención mutua. Hay instantes en que se observa cierta camaradería entre ambos a través de evidentes sonrisas y guiños de satisfacción cómplice. Atrás quedaban los años de desencuentro y de distanciamiento.


El concierto en sí se enmarcaba dentro de una serie de eventos de carácter anual en la ciudad de New York. Desde hacía un tiempo venia celebrándose cada año y en el mismo lugar, conciertos de carácter multitudinario (y gratuito) con grandes estrellas de la música en cartel. Gente como Elton John o Barbra Streisand ya habían congregado a multitudes ante el escenario. Pero nada comparado con lo logrado por Paul Simon y Art Garfunkel en esta ocasión. Tanto uno como otro, tenían ciertas reservas respecto a su poder de convocatoria (sobre todo Paul, que había sufrido recientemente el fracaso comercial y artístico en asistencia a sus conciertos con su proyecto de película/disco de One Trick Pony), pero todo temor quedó disipado cuando delante de la pareja se congregaron mas de medio millón de entusiastas seguidores, suponiendo todo un récord para la época. Curiosamente, sería el mismo Paul Simon quien diez años después, superaría ese récord aglutinando a 750.000 personas en su famoso Concert In The Park de 1991.

Los días previos a la celebración del evento (por el que ambos se embolsaron jugosas cantidades de dinero) reaparecieron las tensiones y los viejos fantasmas entre ambos artistas cuando comenzaron los ensayos y la preparación del formato de concierto/repertorio. Mientras la compañía (con el beneplácito de Art) proponía un concierto en solitario de Paul para al final del mismo, salir Art como "invitado estrella" a compartir escena con su compañero en las canciones mas populares del dúo, Simon se negaba en rotundo por considerar que esa opción le otorgaba un cartel de telonero de Art que no estaba dispuesto a tolerar. Ademas, Garfunkel quería un concierto sin arrope externo de percusiones y demás, algo mas puro y escueto como en sus recordados conciertos de los sesenta. Paul, de nuevo se mostró contrario a esa idea, y puso como condición el poder contar con su banda habitual y dotar a la actuación de una instrumentación mas rítmica y rica, como venía haciendo en sus albumes en solitario. Al final tanto la compañía y promotores cedieron, y Paul ganó esa batalla.


Aunque no son pocos los seguidores del dúo que no consideran esta actuación todo lo brillante que debía haber sido, no deja de ser una hermosa puesta en escena a través de un repertorio único y de la mano de dos interpretes irrepetibles. El escenario, muy coqueto, simulaba la azotea de un clásico edificio del centro de New York y tanto las luces ténues como el entorno arbolado dan al concierto un ambiente muy especial. Como señala el mismo Simon en el concierto: "Bienvenidos a un concierto entre vecinos". Ni que decir tiene que canciones como Mrs Robinson, The Sound Of Silence, Bridge Over The Troubled Water o Homeward Bound suenan impecables y bellísimas. Pero quizás, me quedo con las extraordinarias versiones de AmericaScarborough Fair, que sencillamente, me dejan sin aliento. El dúo también incorpora versiones de temas ajenos como el clásico de los Everly Brothers Wake Up Little Susie que versionaban en sus inicios, o una emocionante A Heart In New York, con un Garfunkel en estado de gracia.

Pero lo mas atractivo del concierto para un seguidor de Simon, como quien esto escribe, es la inclusión generosa de varios de los primeros clásicos del repertorio en solitario del pequeño genio de New Jersey. Ademas, en muchos de ellos, acompañado en las voces por el propio Garfunkel, dando a esos temas nuevos e interesantes matices. Entre ellas, American Tune, la ácida Me and Julio Down by the Schoolyard, o la marchosa Late In The Evening. Por supuesto, también hay momentos para que ambos actúen en solitario y mientras Paul se guarda para si la extraordinaria Still Crazy After All These Years, Art nos asombra con una interpretación de April Come She Will abrumadora. El momento mas tenso de la noche lo protagoniza un espectador cuando salta al escenario (no se sabe muy bien a que) mientras Simon canta en solitario el verso "On a cold December evening, I was walking through the Christmas tide, When a stranger came up and asked me, If I'd heard John Lennon had died..." de la canción (ese día estrenada) The Late Great Johnny Ace. Solo con ver la cara de susto de Simon y recordar lo ocurrido a pocos metros de allí apenas nueve meses antes, a uno se le ponen los pelos de punta. En definitiva, un concierto que sigue siendo todo un acontecimiento, incluso, treinta años despues de su celebración.


domingo, 2 de marzo de 2014

Good Ol' Freda


Siempre es de agradecer una nueva visión sobre la carrera de los Beatles desde un ángulo inédito y el documental Good Ol' Freda parecía tener todos los elementos para despertar mi interés. Dicho documental cuenta la historia de Freda Kelly, secretaría personal de Brian Epstein elegida por él de entre el público que seguía a los Beatles en los primeros tiempos de The Cavern y que acabó reconvertida en presidenta del club de fans oficial del grupo, siendo con el tiempo amiga personal de los Beatles y sus familiares más cercanos.

La cosa prometía bastante, aunque por supuesto no esperaba ningún dato revelador acerca de lo que siempre me ha interesado más del grupo, su música. Cuando vas a ver un documental sobre la biografía de una secretaria, lo único que puedes esperar son anécdotas hasta ahora desconocidas o algún cotilleo sobre la vida personal de los miembros de los Beatles. Aquellos que no van a degüello se podrían conformar quizá con encontrar una visión más humana de los Fab Four que haya escapado durante todos estos años a la manida biografía oficial del grupo. ¿Se cuenta entonces algo nuevo y revelador en este documental? Pues no, ya que Freda Kelly se muestra hermética acerca de la esfera privada de los de Liverpool, algo que dice mucho de ella como persona, pero que juega en contra de la importancia que este documental pueda tener como complemento a lo que ya sabemos.



La protagonista del documental cuenta alguna que otra anécdota curiosa, pero todo lo dicho aquí es intrascendente. Freda Kelly deja claro casi desde el principio que no va a contar nada personal de cierta importancia, alegando que su principal motivación para acceder a contar su historia es que sus nietos y descendientes conozcan de primera mano su azarosa vida durante el tiempo que trabajó junto a ellos. Después de esta decepcionante pero noble declaración de intenciones, poco queda que esperar y la propia Freda se ruboriza cuando le preguntan si tuvo algún tipo de relación amorosa con alguno de los Beatles. Good Ol' Freda se podría resumir como una repetitiva sucesión de anécdotas en las que Freda relata como convencía a los Beatles para que les firmará autógrafos a las fans que se lo pedían por correo o como colocaba una sábana en el suelo cuando el barbero recortaba el pelo a George Harrison para hacer manojos individuales y enviarlos también. La etapa más interesante del grupo queda desdibujada ante la negativa del padre de Freda a que su hija se instale en Londres con el grupo, por lo que el grueso del metraje se centra principalmente en los primeros y convulsos años de la Beatlemania.

No me gustaría calificar este producto como innecesario o prescindible, pero no encuentro otras palabras que mejor resuman mis impresiones después de verlo. Ningún fan de los Beatles se pierde nada si decide obviarlo y aquellos que se acerquen a él sin ser fans encontrarán una historia totalmente anodina. Creo que hay más tela que cortar en cualquier página del libro de Geoff Emerick que en este documental de hora y media en el que las declaraciones de su protagonista no justifican su exhibición pública.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Searching for Sugar Man


Ganador de los premios Oscar, BAFTA y Critic's Choice Awards al mejor documental; premiado por los Sindicatos de Directores, de Guionistas y de Productores, cada uno en su categoría se entiende; multitud de premios menores y nominaciones, que cansa tan solo enumerarlos aquí... ¿Qué se puede decir de este documental que no se haya dicho ya?

Porque alguno se preguntará, si es que queda alguien que no lo ha visto, cómo un documental sobre un cantautor desconocido puede ser tan cojonudamente bueno. Pues bien, podríamos decir que no es por la música, aunque quede claro que con este film la gran mayoría de los mortales hemos descubierto a un compositor excepcional, y hay más de uno que ha corrido a hacerse con los discos de Rodríguez. Canciones como Sugar Man, Crucify Your Mind, I Wonder, A Most Disgusting Song, Heikki's Suburbia Bus Tour o Cause han llegado al gran público con total justicia, aunque con cierto retraso.

Tampoco es que el documental sea una superproducción, ya que salvo algún detalle puntual (me resultaron interesantes un par de animaciones intercaladas muy acertadamente) la realización es sobria y eficaz. Tampoco cuenta un gran drama tipo conflicto bélico o historia escalofriante que erice los vellos del espectador ni nada parecido.


Este documental es, en realidad, muy poca cosa. La historia de un hombre sencillo que en cierto momento albergó el sueño de dedicarse a la música y que contempló desencantado cómo nadie parecía prestarle atención. Y aunque quien más y quien menos ya sabe de qué va todo este caso, avisamos ya que para hablar de este documental hay que spoilearlo.

Contemos entonces que en realidad este documental habla del karma, esa especie de justicia divina caprichosa que aparece cuando le viene en gana, premiando a quien verdaderamente se lo merece y viceversa. Como digo, normalmente no es así y por eso cuando descubrimos historias como la de Sixto Rodríguez no podemos dejar de emocionarnos y, al menos servidor, tenemos que luchar por controlar la lagrimilla que trata de escaparse. Un tipo que se dejó el alma en cada tema, componiendo e interpretando unas canciones maravillosas y que tuvo mala suerte de estar en el momento y lugar equivocados.

Digo esto porque unos años más tarde a muchos kilómetros de distancia, concretamente en Sudáfrica, Rodríguez se convirtió en un mito, en una especie de héroe musical admirado y venerado por todos y al que inexplicablemente daban por muerto (al parecer al nivel de los Stones o de Elvis). Mientras tanto, al tiempo que sus discos se vendían como rosquillas en el país africano, en Detroit el bueno de Rodríguez se partía la espalda para ganarse la vida, ajeno a todo ello.


Y resulta que un cuarto de siglo más tarde se obra el milagro (tampoco hace falta contar todo el proceso) cuando tras una ardua búsqueda dan con Rodríguez y éste descubre que en aquel lejano país es un mito, y por su parte el público sudafricano descubre que su héroe musical está vivo y coleando. Y además más que dispuesto a hacer una gira. Se me eriza la piel tan solo al recordar esas escenas del documental: cuando un atónito Rodríguez ve los carteles por las calles con su nombre anunciando las actuaciones, cuando le entrevistan, cuando firma autógrafos y recibe el cariño de su público en forma de besos y abrazos... pero sobre todo cuando sube al escenario ante un auditorio lleno expectante por verle por fin en directo. No se puede explicar la emoción que encierran esas imágenes.

Uno se alegra al ver que, esta vez parece que sí, el karma ha obrado justamente; pero al tiempo descubrimos que se trata de un minúsculo milagro, y que tras estas pequeñas turbulencias las aguas vuelven a sus cauces: Rodríguez vuelve a Detroit a seguir con su vida (ahora semi-anónima) en su humilde casa de toda la vida; los fans sudafricanos vuelven a sus quehaceres aún frotándose los ojos por haber visto a su ídolo in person; y somos el resto de mortales los que damos gracias por haber podido descubrir tanto talento gracias a este film. A Rodríguez le honra aún más si cabe seguir siendo la misma persona de siempre, pese a que ahora le llueven conciertos, apariciones televisivas y entrevistas. 

El siguiente vídeo no es, por supuesto, el documental que hoy tratamos; es por lo visto un documental especial para la tv sudafricana a propósito de la minigira de Rodríguez por aquellas tierras.



Si aún no habéis visto Searching For Sugar Man... ¡corred insensatos!
 
Escucha en spotify la banda sonora de Searching For Sugar Man

jueves, 11 de julio de 2013

Concert For Montserrat

En septiembre de 1997, sir George Martin reunió en un lugar tan emblemático como el Royal Albert Hall a varios músicos de renombre por una noble causa, recaudar fondos para ayudar a la población de la isla de Montserrat debido al desastre causado dos años antes por el volcán Soufriere Hills. El concierto fue retransmitido en España por M-80 con la colaboración de Julian Ruiz y grabado por un servidor en una cinta cassette TDK de 90 minutos. Fue una de las grabaciones que más habré escuchado en mi adolescencia, en aquella época en la que andaba obsesionado con cualquier cosa que tuviera relación con los Beatles. Aún no me había hecho con la discografía completa del grupo y atesorar un directo reciente de McCartney era algo para mí de un valor incalculable (por entonces no existía Internet). Guardé aquel Concert For Montserrat con los comentarios de Julian Ruiz intercalados como oro en paño, ya que me parecía una grabación única, una especie de alineación planetaria que se producía con muy poca frecuencia. Ahora, después de tantos años, cuando veo el DVD original del Concert for Montserrat no me siento ni la mitad de asombrado que cuando escuchaba aquella cinta TDK. Dentro de poco cumpliré 34 añazos (escribí esta entrada hace meses y ya los he cumplido xD) y tendré el doble de la edad que tenía por entonces, así que se me ha ocurrido hacer una retrospectiva del concierto haciendo memoria de aquellas emocionantes primeras escuchas.



Tras la solemne presentación de sir George Martin, el primer músico que apareció en el escenario fue Phil Collins. Por aquel entonces, iluso de mí, creía que era toda una figura internacional, una vaca sagrada respetada por crítica y público. Se arrancó con Take Me Home, el tema que cierra su álbum No Jacket Required de 1985 y en el que siempre he notado una gran influencia de la primera obra de Peter Gabriel. Es curioso lo de este hombre, debe ser duro pasar de ser una rutilante estrella del pop en los ochenta, tanto en solitario como con Genesis, a ser ahora un músico repudiado por cualquier entendido en música. No debe sentar muy bien forjar una carrera de éxito y que años después se devalúe ante tus ojos con el paso del tiempo. No hay foro en Internet sobre música en el que se hable bien de Phil Collins, un músico ya retirado y aquejado por múltiples dolencias cuyo último lanzamiento discográfico ha sido un triste álbum de versiones de la Motown. A mí me da bastante pena, aunque tengo que reconocer que no escucho sus discos ni por equivocación. 

Dos actuaciones que se produjeron en el Concert For Montserrat, pero que no fueron retransmitidas por M-80 en su momento, fueron las de Arrow & His Band y la de Jimmy Buffet. Como no las escuché en su día ni recuerdo haberlas visto en el DVD, no tengo nada que decir sobre ellas. Por cierto, en el DVD oficial omiten la participación de Midge Ure, el que fuera lider de Ultravox, mientras que los temas que cantó si fueron radiados por M-80 en su momento. Creo recordar que se arrancó en acústico con dos antiguos éxitos que le quedaron bastante bien: Dancing With Tears In My Eyes y Vienna. Carl Perkins, por su parte, realizó sin saberlo su última actuación multitudinaria en directo interpretando el clásico Blue Suede Shoes, un tema propio cuyo éxito le fue arrebatado por Elvis Presley a finales de los cincuenta. Cuatro meses después de aquella actuación, Perkins fallecía victima del cáncer.



Mark Knopfler interpretó Brothers In Arms y Money For Nothing, temas de aquel exitoso álbum de los Dire Straits que fue grabado precisamente en los estudios Air que George Martin se había construido en Montserrat. La vinculación de George Martin con esta isla venía por aquel estudio abierto en tierras paradisíacas que indirectamente aumentó el turismo en la isla gracias a la llegada de músicos de primera línea desde todos los puntos del planeta para grabar con el mítico productor de los Beatles. Volviendo a la actuación de Mark Knopfler no me parece muy reseñable, aunque la participación de Sting en los coros de Money For Nothing es curiosa e incluso histórica, ya que es la única vez que ambos la interpretaban en directo tal y como fue registrada en el estudio. Sting, por su parte, canta Every Little Thing She Does Is Magic de una forma bastante convencional, pero se sale con un acústico de Message In A Bottle en el que deslumbra con una versión acústica y pausada de dicho tema. De hecho, me gusta más que la versión oficial de The Police y quizá sea la mejor interpretación de un tema en todo el Concert For Montserrat.


Tanto Elton John como Eric Clapton cumplen discretamente con su cupo de canciones. Ese tramo del concierto era el que se me hacía más largo y pesado. Julian Ruiz decía solemne que Elton John nunca más volvería a interpretar Candle In The Wind en directo y a mí, sinceramente, me daba igual. Con el tiempo he aprendido a apreciar la obra de Elton John de principios de los setenta, aunque por entonces su música no me gustaba nada por la imagen que guardaba de su etapa más reciente, cuando creó la banda sonora para The Lion King o bailando el Don't Go Breaking My Heart con Ru Paul. Eric Clapton interpretó entre sus tres canciones una versión acústica de Layla. El tema cambia una barbaridad con respecto a la versión oficial de Derek And The Dominoes y creo que tardé años en relacionarlos. Si Message In A Bottle en acústico es una maravilla, Layla en acústico, sacada quizá del famoso Unplugged de Clapton, es un verdadero tostón (al menos para el que esto suscribe). Cómo podemos ver, en las interpretaciones de buena parte del plantel de músicos, lo acústico tenía pegada a finales de los noventa, debido quizá al éxito de los famosos MTV Unplugged.


El plato fuerte de la noche era Paul McCartney y sir George Martin lo dejó para el final a sabiendas de que era el más esperado. No recuerdo las palabras exactas que uso para presentarlo, pero eran muy emotivas en los oídos de cualquier fan de los Beatles. McCartney se marcó la consabida Yesterday para continuar después con el sorpresón de la noche: el final completo de Abbey Road con Golden Slumbers / Carry That Weigth / The End. Esta era mi parte favorita del concierto, ya que por entonces me acababa de comprar Abbey Road y lo escuchaba varias veces al día. Andaba obsesionado con él y fue una gran sorpresa escuchar las primeras notas del piano de Golden Slumbers. Phil Collins se marcó el sólo de batería de Ringo en The End y Julian Ruiz babeaba entre exclamaciones por la emoción del momento. Decía algo así como "el corazón se te va con ellos" o no sé que más. Después de aquello, era difícil mantener el nivel y McCartney se arrancó con un Hey Jude en el que también tomaron parte Sting y Elton John, aunque al primero de ellos le falló el micro en las primeras frases. Para poner punto y final al evento, Macca se marcó una de las versiones que los Beatles habían publicado en Beatles For Sale: Kansas City / Hey Hey Hey que cantó con ganas y sirvió como cierre perfecto para un concierto que, en su momento, me pareció legendario.

sábado, 8 de junio de 2013

The Concert for Bangladesh




El otro día me sorprendí al leer que aquel concierto que montó el bueno de George a beneficio de la gente Bangladesh (en realidad fueron dos conciertos, pero da lo mismo) había sido elegido por Rolling Stone como el mejor directo de la historia. Uno, que pese a ser beatlemaníaco no es tonto del todo, dicha elección le dejó cuando menos perplejo. Entonces recordé una crítica que escribí hace unos años a propósito de este concierto en el foro de Liverpool.es (a todos los efectos un walking dead de la red). Y he querido recuperar este texto para el blog.

La verdad es que el concierto me decepcionó. Al verlo en vídeo, me refiero. El álbum no está mal, no es para tirar cohetes pero ni tiene mal sonido (ni más ni menos que el de la mayoría de grabaciones en directo de aquella época) ni las interpretaciones son malas (la guitarra de Clapton demasiado “chillona” para mi gusto, pero en fin). Es más, cuando lo compré hará cosa de quince o veinte años lo trillé hasta cansarme. Quizá eso tengo algo que ver, que me lo sepa de memoria le quita gracia al asunto. Pero me temo que no van por ahí los tiros. 

Partamos de la base de que la realización es digna de televisión local de Zambia (y eso tirando por lo alto). No me refiero, ya lo dije antes, a la calidad de la imagen, sino a las imágenes en sí mismas: los encuadres son malísimos, las cámaras nunca enfocan al protagonista de ese momento… ¿Tan raro es querer ver al que canta? ¿O al que toca el solo de guitarra? Pues de eso nada de nada. 

 
Un problema menor viene heredado de mi nula simpatía hacia el “muro de sonido” de Spector. Y es exactamente lo que tenemos en este concierto: tocan todos a la vez, con la única excepción de Dylan (probablemente es que no quedara en el escenario ningún enchufe libre, quién sabe). Nos encontramos con dos baterías, cuatro guitarras eléctricas, tres acústicas (los Badfinger castigados en el rincón), dos bajos, un piano, un órgano y el coro de la parroquia de al lado de casa de Billy Preston (¿¿¿a nadie se le pasó por la cabeza meterle un tiro al de la pandereta???). Habrá a quien le guste el muro de sonido, pero no es mi caso.

Pero mi mayor decepción vino al ver la actitud de los músicos. El pasotismo reinante, vaya. No se ve que ninguno de ellos disfrute, que se lo esté pasando bien sobre el escenario. Es un poco “seamos profesionales, chicos” como si no quisieran estar allí. 


George le pone algo de empeño, pero siendo realistas le falta ese puntito de carisma (o llamémosle de la manera que sea) no ya para hacer vibrar al público, sino al menos para engancharlo; no es de extrañar que su gira estadounidense del 74 fuera un fracaso. Ringo en su papel: sentado al fondo, dándole a los tambores con eficiencia y saludando afable cuando le presentan, pero poco más. No sé si mencionar a Klaus: por muy alemán que uno sea, la cara de cabreo que tiene es para dar muuuucho miedo. Y qué decir de Eric Clapton, con su look de el-de-en-medio-de-los-chichos, que parece que fue porque no tenía nada mejor que hacer (en realidad nadie le esperaba ya por allí cuando apareció), porque no es que se le vea muy por la labor; de hecho diría que toca sabiéndose tan pero tan sobrado… que se queda corto. 

 
En el otro extremo y, por poco, salvando los papeles tenemos a un Leon Russell un tanto inexpresivo (no se destaca por ello) pero mostrándose a gusto, sobre todo en el Jumping-Jack-Flash; su versión tiene fuerza y ritmo para hacer moverse al respetable. Dylan, dentro de su parquedad, está en su papel: sabe que su mera presencia basta para que el público se entregue y es eso justamente lo que consigue. Desde el primer tema hace suyo el escenario y se impone su carisma (justo lo que le falta a George o a Eric); destaca sobre los demás muy sobradamente.

Y dejo para el final lo mejor, lo más destacable del concierto. Lo que, a otros tan tontos como el que esto escribe, haría rememorar este concierto por encima de mitos, música o canciones: me refiero claro está a Billy Preston y su baile espasmódico. El Epilectic dance deberían haberlo llamado. Es el único momento del concierto en que se ve que disfrutan tocando o, al menos, viendo a Billy moverse.

miércoles, 5 de junio de 2013

CSNY - DVD: Deja Vu.


Aunque en un simple vistazo puede parecer que la política ha sido un pilar fundamental en las temáticas y contenidos de muchas de las canciones de Neil Young, si observamos la obra en su conjunto, nos daremos cuenta que realmente no ha sido así. Si, efectivamente ahí están Ohio, Southern Man o Let´s Roll, pero en general y en contra de lo que pueda parecer, salvo esos casos puntuales (y pocos mas), Neil Young no es un músico que pueda responder a ese perfil de músico protesta como si lo han hecho de forma mas habitual gente como Bruce Springsteen o el propio Bob Dylan. Incluso, si echamos la vista atrás, se pueden encontrar algunos episodios en la carrera del canadiense que pueden llevar a la confusión y a no tener una opinión claramente formada sobre su opinión o ideología política.

Pero todo ello se intensificó durante la pasada década y como lógica reacción a la política llevada a cabo por George Bush hijo. El tema Let´s Roll, dedicado al 11S, su participación en la gira Vote For Change de 2004 y el álbum Living With War de 2006, cambiaron por completo el escenario e incluso el animo de Neil Young. Me quería detener en ese disco de 2006, dedicado en exclusiva a la injusta guerra de Irak y que Young grabó de forma impulsiva y consecuente tras tener constancia del sufrimiento que esa guerra estaba generando entre mucha gente. El álbum, es sin duda uno de mis favoritos de su autor de los últimos tiempos y lo escuché compulsivamente interiorizando su música y sus letras hasta tener bastante constancia de lo que Young sentía y pretendía contarnos en ese momento de su vida. Quizás estemos hablando de uno de los ejercicios de valentía civica mas importantes que se han dado dentro de la música popular en los últimos tiempos. 


Lejos de conformarse con editar un álbum tan polémico y atrevido como Living With War, Young convenció a sus viejos camaradas David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash para embarcarse en una gira americana conjunta y así poder defender en vivo los temas del álbum. Con toda la intención y mala uva, denominaron a esa gira Freedom Speech Tour. El tour, dominado por los temas del disco, contaba ademas con el inevitable paralelismo historico de la guerra de Irak con la de Vietnam. En ese contexto, una canción como Ohio podía volver a causar el mismo efecto que tuvo en su dia y volverse aún mas vigente.

De aquella gira, se editó un álbum en directo y una película denominada Deja Vu y que dirigió el propio Neil Young. Esta pelicula tiene todo lo que en un principio puedes pedir a un documental como este. Buena edición, buenas imagenes, entrevistas de los implicados fuera y dentro del escenario, grandes momentos emocionales, buena música, el ineviatable pellizco nostalgico, la mala leche tan necesaria, etc...Sin duda, un artefacto imprescindible para conocer lo que se coció en esa gira, en el estudio durante la grabación del disco y sobre todo, entre muchos de los que vivieron la guerra de forma directa. El documental compagina momentos musicales con entrevistas personales a supervivientes y familiares del conflicto, todo tratado de forma sutil pero sin dejar de lado el punto de denuncia para el que fué diseñado.


Poderosos resultan algunos testimonios, y reacciones del publico asistente a los conciertos cuando el grupo atacaba la canción Let´s Impeach de President. Reacciones que iban desde la sentida ovación hasta la repulsa y abandono del concierto por parte de la audiencia mas afín a las ideas de Bush. El grupo, con Neil a la cabeza, asume ese riesgo y lo entiende, pero no por ello dejan de decir lo que piensan y de tocar esas canciones con energía y convencimiento. Una cosa es la musica, y otra el mensaje. Confieso también que cada vez que veo esas reacciones me quedo algo perplejo : que pensaban que iban a ver/oir sabiendo el tipo de disco que estaba en la calle y el nombre de la gira?.

Young dirige con maestria la pelicula y simultanea muy bien las entrevistas con las tomas en directo. Sin duda, su mejor acierto detras de la camara. Para un seguidor de Young como yo, la pelicula tambien contiene momentos impagables como las imagenes y tomas de la grabación del album Living With War junto con el coro que le acompañó en muchas de las canciones así como emotivas piezas al piano de temas como la propia Living With War que sirve como musica de fondo en varios de los pasajes. Todo muy destinado al publico americano mas cercano a las ideas de Young (y por ende, en contra de la guerra de Irak) pero no por ello deja de ser interesante y muy disfrutable para el resto de seguidores del canadiense. Desde luego, quien quiera ver el lado mas acustico y amaestrado de Young, esta no es la mejor opción (ahí esta Heart Of Gold) pero quien quiera conocer lo que pensaba, hacia y decia en los años de mayor turbulencia politica reciente en los EE.UU debe acudir a Deja Vu.


domingo, 2 de junio de 2013

TOP 5: Películas sobre rock

Cine y música van de la mano desde aquel El cantor de jazz (1927), si no antes: pensaba en aquellos pianistas que amenizaban las proyecciones de cine mudo con sus expresivas melodías proporcionando la banda sonora en directo a lo que se veía en pantalla (algo que Les Luthiers parodiaron genialmente en aquel sketch). Desde entonces la música ha acompañado de una manera u otra al cine. En la mayoría de casos en forma de bandas sonoras, algunas de ellas míticas y que merecerían una o varias entradas para ellas. En otros casos se trata de películas protagonizadas por músicos/bandas célebres. Ocupan un lugar destacado los musicales, algunos de ellos auténticas maravillas que, por qué no, tal vez merezcan una entrada propia más adelante. De unos años a esta parte han tomado forma también los llamados biopics, biografías cinematográficas en las que se narra la vida de músicos famosos, y en los que normalmente se acaba recordando (o criticando, según el caso) la interpretación/imitación del protagonista más que la película en sí. Y por otro lado tenemos los documentales: pueden tratarse de narraciones biográficas, o filmaciones de conciertos o giras o grabaciones de discos, o cualquierotracosaquesenosocurra

Volvemos a echar mano de la sección más socorrida del blog para hablar un poco sobre cine y música: un TOP 5 de películas cuyos argumentos giren alrededor del mundo del rock, pero sin ser musicales (como Hair o Jesucristo Superstar), ni biopics (como En la cuerda floja o The Doors)… ni documentales sobre bandas míticas o conciertos (como No direction home o The Last Waltz), falsos documentales (como Spinal Tap o All you need is cash) ni por supuesto películas protagonizadas por bandas o cantantes (como A hard day’s night o El ídolo de Acapulco). Nos hemos dejado en el tintero algún que otro film que nos ha costado sacar de la lista definitiva: Once es una sencilla pero emotiva película, que no ha entrado por poco. Y me ha costado no meter la película de The Blues Brothers (Granujas a todo ritmo en nuestro país), pero dejando a un lado las acojonantísimas actuaciones musicales de las que hace gala (Ray Charles, James Brown o Aretha Franklin entre otros) la película es una payasada sin mucho sentido. Como siempre en estos casos, no están todas las que son, pero sí son todas las que están. Empecemos.



Alta fidelidad

Probablemente la película de los melómanos de mi generación y, al fin y al cabo, la culpable de esta sección tan recurrente en el blog. Basada en el también muy recomendable libro homónimo de Nick Hornby, en ella se narra la vida de Rob Gordon, dueño de una tienda de vinilos y con una desastrosa vida amorosa a sus espaldas: con el acompañamiento musical de la Velvet Underground, Dylan, Costello o The Kinks entre muchos otros, seguimos las aventuras y desventuras del protagonista con el bello sexo. Además de todo ello tenemos un cameo del mismísimo Springsteen, al tiempo que Jack Black se descubre al gran público como un más que aceptable cantante (aunque su banda, Tenacious D, no dé para mucho). Una comedia muy bien armada, donde el director sabe darle ritmo y su visionado resulta más que interesante. Por poner alguna pega, el papel de Tim Robbins siempre me ha resultado un poco ridículo, y el tema de Royal Trux (The inside game) muy cargante. 


Siempre locos

Esta película británica no es tan conocida como la anterior pero sí que es igualmente interesante: en ella se narra el reencuentro y regreso a los escenarios de una banda de rock de los setenta, llamada Strange Fruit, veinte o treinta años después. Los protagonistas podemos decir que homenajean a míticos rockeros reales, o al menos a servidor así le parece: el batería bien podría ser una mezcla de Keith Moon y John Bonham; el “desaparecido” guitarrista nos recuerda al mismísimo Syd Barrett, y el bajista, aunque sea por su físico, a Roger Waters. Los otros dos miembros de la banda merecen punto y aparte: mi admirado Stephen Rea interpreta al teclista de la banda (y miembro más lúcido de la misma, por lo que se ve en film), y Bill Nighy borda su papel de rockstar egocéntrico y pasadísimo. Señalar que el propio Nighy canta las canciones de la película, compuesta por temas originales; a destacar la sensiblera The flame still burns y la pegadiza All over the world


The Commitments

Este film sí que tuvo bastante repercusión en su época. Tendría yo 14 o 15 años y por aquella época mi dieta musical prácticamente se limitaba a Beatles, cuando el soul llegó a mi vida de la mano de estos borrachines irlandeses. La historia de una banda que surge a partir de un anuncio en un periódico y que lucha contra viento y marea para hacer música negra en un mugriento Dublín (Los irlandeses son los negros de Europa decían). La banda sonora, formada por versiones de clásicos soul como In the midnight hour o Mustang Sally, se aupó hasta casi lo más alto de las listas de medio mundo, y estoy seguro que más de un grupo se formó a resultas de esta película. Como curiosidad, el pelirrojo guitarrista es Glen Hansard (sí, el prota de la ya mencionada Once). 


Radio Encubierta

No abandonamos las islas británicas para detenernos en esta otra comedia ambientada en los sixties, pero no precisamente en el glamuroso swinging London, sino unas cuantas millas náuticas más lejos:en aquellos años la BBC apenas emitía rock, por lo que los jóvenes británicos se apañaban con emisoras piratas que emitían desde barcos, radiando rock, pop y blues las 24 horas del día. Una banda sonora con canciones de Kinks, Who, Cream, Hendrix o Bowie entre muchos otros y una troupe de locutores y groupies de lo más pintoresca completan el cuadro. A destacar las actuaciones de Bill Nighy (sí, de nuevo aparece por aquí) como director de la emisora, Philip Seymour Hoffman como carismático locutor y Kenneth Brannagh como ministro cazabrujas.


Casi famosos

Película semi-autobiográfica de su director Cameron Crowe, quien siendo un adolescente trabajó como reportero para Rolling Stone cubriendo giras de bandas como Led Zeppelin o The Allman Brothers Band. Precisamente la banda retratada en el film, Stillwater, es una especie de mezcla de ambas a tenor de semejanzas entre lo narrado en el guión y la realidad (de hecho el personaje interpretado por Billy Crudup es increíblemente parecido físicamente a Dickey Betts, guitarrista de los Allman). Lo que tenemos es la historia de un joven melómano que, haciéndose pasar por alguien mucho mayor, consigue cubrir la gira de una prometedora banda para una revista musical con todo lo que ello conlleva: así descubre cómo es el mundo de la música desde dentro (groupies y drogas incluidos), el amor, los celos, etc... Muy buena ambientación, grandes interpretaciones y una estupenda banda sonora.

sábado, 16 de marzo de 2013

The Rutles - All you need is cash


No sé si se trata del primer falso documental (mockumentary en inglés) de un grupo ficticio, pero por ahí andará (desde luego es anterior al célebre This is Spinal Tap, del que quizá hablemos en otra ocasión). Estrenada directamente para la televisión, no solo se trata de una hilarante comedia más que recomendable para cualquier fan de los Monty Python (aunque aquí solo aparezcan dos de ellos), sino que es al mismo tiempo una biografía paralela a la de los Beatles que, aunque exagerada y por muchos momentos ridícula, es tremendamente completa y fiel en los detalles a la de los Fab Four. Los beatlemaníacos son precisamente los que más la disfrutarán, ya que reconocerán multitud de anécdotas y detalles.

El origen de todo esto se remonta a 1975 cuando en Rutland Weekend Television, el programa que tenía el Python Eric Idle en televisión, aparecieron por primera vez The Rutles. Aunque originariamente se pensó en una parodia de los Stones, que iban a llamarse obviamente The Rutland Stones, se decantaron finalmente por los de Liverpool. Neil Innes, amigo y colaborador de Idle, había compuesto I must be in love, tema que le sonaba muy beatle. Dicho y hecho: crearon una breve parodia de los Fab Four y fue todo un éxito; tanto es así que aparecieron posteriormente, al otro lado del charco, en el mítico Saturday Night Live.

En 1978 se estrenó All you need is cash, una película ambiciosa aunque barata en la que se retrata la carrera completa de The Rutles. Desde sus inicios en The Cavern y los clubes de Hamburgo (aquí llamado el Rat Keller, literalmente sótano lleno de ratas) hasta su disolución, hacemos un repaso a toda la trayectoria de la banda reconociendo esos mismos pasajes en la carrera de The Beatles, solo que aquí se exageran y parodian de tal manera que no podemos más que revolcarnos de risa con algunas de sus ocurrencias: cómo el mánager que les descubrió odiaba su música pero se fijó en ellos por sus apretados pantalones, su triunfal concierto en el Ché Stadium (en honor al guerrillero sudamericano), su encuentro con Dylan (quien les introdujo en el consumo de cierta sustancia que influiría notablemente en su música: el té), etc...

The Prefab Four: Dirk, Stig, Barry y Ron
Para mi dos de las mejores ocurrencias de la película son, por un lado el personaje inspirado en Yoko Ono, una artista llamada Chastity (literalmente castidad) vestida con uniforme nazi cuyos padres "habían inventado la II Guerra Mundial", y por el otro la famosa escena del saqueo a las oficinas de Rutle Corps (la empresa que ellos fundaron, emulando a Apple Corps) en la que uno de sus directivos, interpretado por el también Python Michael Palin, niega los problemas económicos por los que le pregunta un periodista interpretado por, sí señores, el mismísimo George Harrison.

Porque si de algo puede presumir esta película es de la cantidad de cameos con que cuenta. Aparte del ex-beatle aparecen aquí Mick Jagger y Paul Simon interpretándose a sí mismos, los cómicos Dan Aykroyd (quien interpreta al cazatalentos que rechazó a los Rutles), Bill Murray (interpretando a Bill Murray the K, como el DJ norteamericano que se autoproclamó quinto beatle) y John Belushi (como feroz Ron Decline, parodiando a Allen Klein), Ronnie Wood (haciendo de Ángel del Infierno) o Bianca Jagger (como Martini McQuickly, en el papel equivalente a Linda McCartney). Las reacciones de los Beatles fueron de lo más diversas: a George obviamente le encantó la idea y por eso participó; se cuenta que a John le gustó tanto que se quedó con la copia que le enviaron para que la viera antes de su estreno; a Ringo por lo visto solo le gustaron "algunas partes" (igual no fueron de su agrado las continuas bromas a su costa sobre peluquerías); el que peor lo llevó fue Paul, el más beatle de entre los beatles, a quien no le hizo mucha gracia que se les parodiara, aunque se dice que a Linda sí le pareció una película muy divertida.

El último aspecto a destacar, además de la extrema fidelidad hasta en los más mínimos detalles en cuanto a indumentarias e instrumentos, es por supuesto la música: compuesta íntegramente por Neil Innes, se trata de un magnífico repaso a la carrera de los de Liverpool. Todo suena a beatle en estas canciones: desde las melodías y estructuras hasta las interpretaciones y armonías. Algunos temas son auténticos plagios de las canciones originales (como pueden ser Ouch! o Get up and go por poner un par de ejemplos), pero otras composiciones rayan a muy buen nivel: I must be in love, Cheese and onions, Another day o Doubleback Alley son buena muestra de ello.

Francamente recomendable y disfrutable. ¡Larga vida a The Rutles

domingo, 27 de enero de 2013

The Cure - DVD: Trilogy.


En estos tiempos está todo algo mas visto, pero hace unos años, muy pocas bandas se atrevían a interpretar en directo un disco de forma íntegra y respetando la misma secuencia de canciones. En 2002, The Cure, se atrevió no solo a hacerlo con un solo disco, sino que lo hizo interpretando consecutivamente tres de sus álbumes más representativos: Pornography (1982), Disintegration (1989) y Bloodflowers (2000). Dicho concierto se denominó Trilogy y tuvo su correspondiente (e imprescindible) edición en DVD.

Robert Smith, líder absoluto de la banda, siempre consideró esos tres discos como una trilogía especifica e independiente dentro del conjunto de su obra. Si a nivel de sonido no se pueden comparar y apenas podemos buscar similitudes, si lo son a nivel emocional. Los tres discos los compuso el carismático Smith en tres momentos determinados de su carrera, coincidiendo con los veinte, treinta y cuarenta años de edad. Momentos que siempre invitan a la reflexión y al borrón y cuenta nueva. Entendiendo los tres discos en conjunto, si es evidente que tienen una relación correlativa y de ahí que su interpretación conjunta en un solo concierto adquiriera signos de estar ante algo histórico en la carrera de The Cure. Así lo tomaron los componentes del grupo y aun permanece, en palabras de Smith, como uno de los hitos clave en la reciente carrera de la banda.

Se barajaron ciudades como Paris y Barcelona, pero el lugar elegido para la ocasión fue Berlin. El concierto respeta tanto la secuencia original de los temas de cada disco, como la antigüedad en la fecha de edición de los mismos. Así los temas de Pornography, son los primeros en caer. Hablamos del álbum mas oscuro (y eso es mucho decir) del grupo, con cortes que rozan lo dramático como The Hanging Garden. Pero es quizás el album mas importante de su primera época. Las interpretaciones aquí ofrecidas de canciones como Strange day, The Figurehead o One Hundred Years son extraordinarias. 



Aunque, a gusto personal, el gran atractivo del DVD es sin duda, la interpretación integra del mítico Disintegration. Posiblemente, el álbum definitivo del grupo. Denso, invernal, profundamente melancólico. El universo de The Cure se condensa en unas canciones con un tratamiento similar (presencia abrumadora de las líneas de bajo, teclados atmosféricos, la sinuosa voz de Smith….) pero de resultado sin igual en su discografía  En directo, el resultado es esplendido. Desde Plainsong (el mejor comienzo posible si hablamos de The Cure) pasando por Lullaby, Fascination Street, Pictures Of You (mi canción favorita del grupo), Prayers Of Rain, la propia Disintegration…Hablamos de una obra maestra y su interpretación en directo en este DVD está a la altura.

Bloodflowers quizás pase por ser el hermano pobre de la trilogía, aunque para un servidor, se trate del mejor disco de The Cure en los últimos veinte años. Aquí las guitarras toman mas protagonismo y el sonido, nuevamente denso, tiende a ser algo mas luminoso. Out Of This World, el pop de Maybe Someday, mi favorita The Loudest Sound, The Last Day Of Summer, o la monumental Bloodflowers (que nos remite al propio Disintegration) son el colofón perfecto a la actuación. Una actuación 100% The Cure, con la iluminación marca de la casa, las ropas, el ambiente…Hablamos de uno de los grupos mas brillantes de su generación que aun hoy siguen estando inspirados dentro de su propio estilo.





domingo, 18 de noviembre de 2012

Pearl Jam - DVD: Immagine In Cornice.

Siempre digo lo mismo: Pearl Jam se han acabado convirtiendo en un grupo de rock clásico. Lo que empezó siendo un triunfo dentro de aquello que se llamó grunge, ha acabado convirtiéndose en algo mucho mas grande. Quizás por eso, me costó tanto tiempo y tantos intentos conectar con su música. Y tuvo que ser gracias a los directos y no a los discos de estudio cuando empecé a apreciarlos. Ahora son una banda importante en mi dieta musical, pero no fue un camino de rosas.

En 2006 editaron el disco homónimo conocido como el del Aguacate. El disco que les devolvió el favor popular tras unos años algo difusos. De la gira de aquel álbum se editó el DVD objeto de esta entrada y que es todo un regalo a los ojos (y oídos) de cualquiera que presuma de ser seguidor de Vedder y cía. Uno de esos documentos llamados imprescindibles. Y más allá del valor que le doy como seguidor del grupo, creo que merece la pena para cualquiera que simplemente disfrute de la música y de un buen documental de gira de una gran banda. Porque eso es lo que ofrece este Immagine In Cornice.

Pearl Jam gozan de un gran tirón en Italia. Y eso lo supieron aprovechar con este documental dedicado a la mini-gira por ese país,dentro del marco de una gran gira Europea de presentación del disco del Aguacate. Aunque decir Italia es quedarse corto, porque a lo largo del documental podemos observar seguidores del grupo de diversas nacionalidades: suecos, finlandeses, suizos y hasta mexicanos. Pearl Jam es un grupo que siempre arrastra una buena masa de seguidores. Como pasa con los grupos clásicos. El DVD no es un concierto al uso. Ni siquiera tiene ese formato a pesar de que el 90% de sus imágenes corresponden a tomas en directo de sus conciertos en Milan, Turin, Bolonia, Verona (en el famoso anfiteatro romano y bajo una lluvia torrencial, espectacular) y la plaza del pueblo de Pistoia. De este ultimo destaca una poderosa versión de Rockin In The Free World de Neil Young con un Vedder desatado, aporreando una pandereta hasta dejarla hecha añicos y escalando por los andamios del escenario.

Como comentaba no es una filmación de un concierto tipo. Hablamos de un documental donde se entrelazan entrevistas a miembros del grupo, a fans, ensayos, imágenes de camerinos y del autobús de gira, la banda en su tiempo libre paseando en skate o firmando autógrafos a sus seguidores, e incluso momentazos como ese de Verona con el grupo reunido en el backstage improvisando el set-list de un inminente bis. Impagable. Ademas, es justo reconocer que la selección de temas es casi perfecta, alternando impecables versiones en directo de sus temas mas clásicos (Better Man, Corduroy, Alive,...) con sus nuevas composiciones (World Wide Suicide, Life Wasted o Severed Hand). Un artefacto ideal para disfrutar tanto si eres fan como sino. De hecho, a aquellos que no lo son, les puede servir de perfecto empujón para saber apreciar la valía y calidad de esta banda, ya eterna.