domingo, 27 de marzo de 2011

Paul Weller - Wild Wood

Músico inquieto, ecléctico, talentoso y absolutamente imprescindible, sin duda alguna uno de los iconos del ya de por sí mitómano rock inglés. Con The Jam llegó a ser uno de los referentes del punk británico, enarbolando la bandera del movimiento mod, y alcanzó un notable éxito en Reino Unido y buena parte de Europa (quizá su marcado carácter británico fue la causa de que nunca llegaran a triunfar en el mercado estadounidense). Sin embargo, insatisfecho con posibilidades de la banda, cuando quiso explorar nuevos terrenos musicales no dudó en disolver el grupo (algo impensable en aquel momento) y formó The Style Council. Con esta formación se movió por el pop más glamuroso y sofisticado, flirteando con el soul, el jazzy y, cómo no, con el soul. Cuando vio que la fórmula, de nuevo exitosa, no servía para seguir avanzando volvió a hacer borrón y cuenta nueva, y así emprendió su enésima aventura ahora en solitario, en la que se mueve como pez en el agua mezclando rock, soul, folk y psicodelia, en sabias proporciones marca de la casa.

Los inicios de Paul Weller en solitario no fueron fáciles: llevaba casi quince años en la cresta de ola, había liderado dos grupos exitosos, compuesto multitud de éxitos, actuado en centenares de conciertos... y aún así muchos le daban por acabado. Él mismo la definió como "una fase extraña. Me encontraba sin grupo, sin álbum y sin discográfica. Después de estar dieciocho años en grupos, por primera vez me encontraba solo". Se armó de valor y, contra su propia voluntad, salió a la carretera con su nueva banda de acompañamiento. Reivindicando el soul como el auténtico camino, encontró la fuerza e inspiración necesarias para publicar su debut en solitario, titulado homónimamente Paul Weller (1992), que sin embargo fue recibido por la crítica con división de opiniones: no todo el mundo veía con buenos ojos su nueva andadura musical, en la que la base era la música negra (soul y funky principalmente).



Efectivamente las modas son cíclicas (q.e.d.)

Convencido de sus posibilidades se metió en el estudio con nuevas canciones. Amplió sus horizontes musicales: “El folk y el country es algo en lo que me he metido mucho de un año a esta parte: Tim Hardin, Nick Drake y su Five Leaves Left, el Déjà Vu de CSNY… Recientemente he escuchado cosas de este tipo por primera vez […] Cuanto más abierto estés, más riqueza vas a encontrar”. Sabias palabras, ya que sacó jugo de todas estas influencias enriquecedoras en forma de nuevas composiciones que deslumbran desde la primera escucha. El resultado es Wild Wood (1993), considerado por muchos su obra maestra en dura pugna con el posterior Stanley Road (1995), aunque el que esto escribe se decanta por el que hoy nos ocupa.


El álbum se grabó prácticamente en directo, lo que hace que tenga un sonido potente y poderoso, sobre lo que el propio Weller declaraba: “Me hace gracia cuando la gente te dice que es curioso este modo de hacerlo: ¡hace veinte años todos los discos se hacían así!”. No es de extrañar esta referencia indirecta a la música de los 60 y 70, ya que es la que más le influía en esos momentos: estamos hablando por supuesto de los hasta ese momento siempre presentes Who o Small Faces, pero también Free y Traffic, Neil Young y Steve Winwood, Donovan y los eternos Beatles. De hecho Weller llamó extraoficialmente a este disco su Revolver particular: realmente no era tanto por el estilo musical o la similitud con los temas (nada más lejos de la realidad, aunque sin ir más lejos Taxman fue homenajeada sin pudor por The Jam en el tema Start!), si no por algo más tangible: encargándose personalmente de tocar las guitarras y bajo en la mayoría de temas, se decantó la mayor parte de las veces por sus instrumentos más beatle. A saber: la lennoniana Epiphone Casino, la (no tan) harrisoniana Gibson SG, y el característico bajo violín Hofner de McCartney (aunque para ser totalmente fieles con la historia, en el 66 Macca estaba dejando su Hofner a un lado y prefería emplear el Rickenbacker).


Tenemos por tanto por un lado las nuevas influencias musicales a las que prestaba por vez primera atención, incorporándolas a su repertorio con total naturalidad; por otro, la actitud honesta de ser un auténtico rockero tocando y grabando los temas prácticamente en directo; por otro lado su vuelta al rock de los 60 y los setenta, tanto en referentes como en los instrumentos. ¿A qué se debe todo ello? Responde el propio Weller: “Me da lo mismo que digan que este disco suena retro, ¿qué significa retro? […] Muchos discos antiguos suenan mucho mejor (que otros actuales), y no hablo de canciones, sino de sonido. […] Me alegro si Wild Wood suena a los 60 y 70 porque creo que los discos de esta época sonaban mejor y más naturales”.


¿El resultado? Dieciséis temas impecables (en realidad quince en la edición original, pero tras publicarse en EEUU se incorporó el tema Hung Up al final del mismo), muestra de la madurez de un artista colosal y en plena forma.






El inicio es demoledor, con tres temas a cada cual mejor: el punzante arpegio de la Casino (homenajeando en esta ocasión Dong with the Luminous Nose de Les Fleur de Lys) nos introduce Sunflower, uno de los mejores temas de toda su carrera y, sin duda alguna, el mejor arranque de cualquiera de sus discos; la fuerza y garra es contagiosa, y además de la colosal batería de Steve White (el denominado soul-mate de Weller, prodigioso batería que nos tiene más que acostumbrados a interpretaciones magistrales) destaca la voz de Paul: más potente, más segura, más desgarrada y emotiva que nunca. En Can you heal us (Holy Man) canta a los que en nombre de Dios (y bien podría extenderse a los que creyéndose en un púlpito, adoctrinan adoptando una posición superior) se dedican a sermonear a los demás; el Weller comprometido canta las cuarenta, y su mensaje es claro: no eres más que yo (“you are only flesh and blood, waiting too for judgement”) y lanza una indirecta (“Pray for me / I’ll do the same for you”). Por su parte Wild Wood, tema que da nombre al disco, es una delicada balada, acústica y melancólica, en la que Weller medita y canta a la confusión en la que nos vemos perdidos en la sociedad actual que tantas veces él mismo ha retratado (y como bien se preguntan sarcásticamente en allmusic, ¿realmente es del mismo compositor que A town called Malice”?).


All the pictures on the wall es uno de esos temas que sin llamar la atención te cautivan, y aún siendo de los que no destacan en el conjunto sirven para mantener la media a un nivel altísimo. Weller se reserva para Has my fire really gone out? una puya directa a todos los que le daban por acabado: sabedor del tremendo material que tiene entre manos les pregunta ahora por su opinión: ¿de verdad se ha apagado mi fuego? Canta con toda la pasión que tiene para no dejar lugar a equívocos: no podíais estar más equivocados, así os demuestro que hay Weller para rato. Por su parte Foot of the mountain es otra grandísima balada acústica (tan solo guitarra y voz) que bien podría haber firmado el mismísimo Neil Young, y que sobrecoge como pocas.


Podríamos seguir enumerando el resto de temas uno a uno, desgranando virtudes, logros musicales y particularidades de la grabación. De cómo aparecen por aquí invitados como su excompañero Mick Talbot en 5th Season (un tema más cercano a Traffic que a The Style Council), la exquisita vocalista Dee C. Lee (y a la sazón señora de Weller) o el genial Steve Cradock en la maravillosa The Weaver. De cómo el disco se ve salpicado por pequeños cortes instrumentales que, lejos de ser simple relleno, nos sirven de colchón y descanso entre tanto material del más alto nivel, o de cómo recorta la larga coda final de Holy Man y la coloca en las postrimerías del álbum. De cómo Weller se encuentra más a gusto con las seis cuerdas y juega a doblar riffs y tocar solos de guitarra, lo que le llevaría a incorporar al poco tiempo a Cradock como miembro imprescindible en su banda de acompañamiento.


Crítica y público recibieron el disco entusiasmados y, por qué no, al menos los primeros en parte sorprendidos. Alabaron la calidad de los temas, la vasta cantidad de referencias e influencias adquiridas y su transformación en una colección de canciones que brillan con luz propia. Es un álbum que, mirando al pasado, se convierte en un hito de su tiempo para redefinir el rock contemporáneo, y todo lo que a partir de ese momento quiera llamarse rock moderno. Weller recoge una serie de influencias musicales y, lejos de aceptarlas tal cual y fusilarlas (u homenajearlas, como dicen que hace Tarantino), en su caso las tamiza, procesa, madura, nos las presenta como algo nuevo y lo más importante: logra con todo ello un producto nuevo y original, algo característicamente propio. Sin duda alguna se trata de un disco que marcó un antes y un después, y casi veinte años después sigue sonando como recién sacado del horno.


Ladies and gentlemen, Wild Wood
(spotify)
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3 comentarios:

Mansion On The Hill. dijo...

Uauuuuu!!! Music Is My Savior hablando de Paul Weller. Esto no me lo puedo perder!!

Gran entrada, como siempre. Para mi Weller es un musico único. Creo que no hay nada en su carrera en solitario que no me guste. Hasta su disco de versiones me parece que está por encima de la media. Creo que es uno de los MAS GRANDES (sí, en mayusculas) de la musica inglesa y lo que mas merito tiene en su caso es que le considero un musico hecho a sí mismo. Ha atravesado por situaciones de olvido, de desprecio, de incomprension, de desorientacion, pero siempre sobrevive y se saca de la manga discos fabulosos (como Wild Wood, por ejemplo).

Ademas, su increible capacidad para aglutinar diferentes influencias y darles sentido es pasmosa. Cuida mucho los detalles y da a sus seguidores los que estos esperamos de el.

Por ultimo, decir que es de los que se toman su trabajo como un oficio y por eso es un musico honesto como pocos. No se traiciona a si mismo y cuando da un paso, lo hace con todas las consecuencias.

Su discrografia en solitario no tiene desperdicio. A los puntos, me quedo con su etapa actual, super-eclectica (22 Dreams y Wake Up The Nation son dos obras maestras tremendas y atemporales) pero esa dupla Wild Wood y Stanley Road es apabullante. Siempre he pensado que Wild Wood estaba mas cecra de mis necesidades pero ultimamente (no se porque) Stanley Road me tiene robado el corazon.

Sabia que os gustaba Mister Weller pero no sabia que tanto! Me alegro mucho por ello.

A sus pies.

Benet García dijo...

Uno de los discos que, sin dudar, me llevaría a una isla desierta. Mis dos preferidos de Paul Weller son Wild Wood y Stanley Road, pero me quedo con Wild.
Hace ya tiempo, también le dediqué una entrada a esta gran obra de los 90.

The Modfather always.

Saludos

Lely Vehuel dijo...

Coincido Weller en solitario,para mi mejor.Tu blog como siempre de primera, buenisimo, apetece el seguirlo y se lo disfruta mucho, yo aqui ando de visita, por mi lado meti dos entradas, a Michael Angelo Batio, un tecnicista estupendo , quizas con un poco de falta de angel y por otro lado a Yngwie Malmsteen ademas de tecnicista, un alma importante de melodias con base en fusiones. Te espero de visita por mi sitio, un abrazo y hasta
pronto...