martes, 25 de enero de 2011

Bob Dylan, el eterno retorno

A principios de los noventa, asistimos a la resurrección generalizada de músicos de épocas anteriores después de una década tan devastadora como los ochenta para el rock clásico. Neil Young, David Bowie o Paul McCartney volvían a conectar con su público después de años de desorientación musical. El motivo por el cual los ochenta resultó tan rupturista para artistas tan bien asentados en la cultura popular resulta uno de los misterios más extraños de la historia del rock. ¿Perdida de inspiración generalizada después de sobrepasar la cuarentena? Quizá la sucesión de tantos géneros musicales desde finales de los setenta desorientó a más de uno. El punk se encargó de barrer a todos los dinosaurios y la aparición del sintetizador desubicó por completo a músicos que basaban su música en guitarra, bajo y batería. La llegada del grunge y grupos como los Smiths a finales de los ochenta reivindicaron la instrumentación tradicional y, poco a poco, los clásicos comenzaron a retornar del exilio. Ninguno de ellos volvió a escalar las cimas creativas de épocas anteriores, pero recuperamos su música y eso es lo que importa. ¿Ninguno? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor... lo siento pero tenía que meter esa cuña.

Volvemos a hacer la pregunta, ¿ninguno? Puede que fuera el retorno más tardío, pero la resurrección más solida fue la producida en el año 1997 con la publicación del álbum Time Out Of Mind. La enésima vuelta de un músico que nunca llegó a marcharse del todo. Bob Dylan lleva desde entonces más de una década cosechando nuevos éxitos y, aunque su último álbum puede ser lo más discreto que haya publicado en su pasado más inmediato, no deja de resultar increíble la capacidad de reinvención que puede tener alguien ya cercano a los setenta años. No es la primera que vez que Bob vuelve a la palestra después de algunos trabajos irregulares, pero si la más sorprendente de todas. ¿Quién apostaba ya por él después de su irregular carrera tras Slow Train Coming?


La discografía de Dylan no ha estado exenta de altibajos. Aunque hablamos de un genio entre genios, resulta difícil mantenerse en la brecha durante más de cuarenta años. El primer pinchazo serio se produjo a principios de los setenta, pinchazo que merece ese calificativo en comparación relativa con sus discos anteriores o posteriores. New Morning o Pat Garret & Billy The Kid no aguantan frente a Blood On The Tracks o Blonde On Blonde, pero ya quisieran muchos firmar semejantes trabajos. Por aquella época realizó también una de las maniobras suicidas más curiosas del rock, publicar el álbum Self Portrait para romper su propio mito harto de las peregrinaciones de tanto colgado a su casa de Woodstock. Su conversión al catolicismo a finales de los setenta deja tambaleante su carrera con pequeñas muestras de lucidez como Infidels hasta bien pasados los ochenta. La portada de Empire Burlesque nos muestra sin lugar a dudas la gran desubicación que sufría una de las personalidades más influyentes del rock.

Under The Red Sky escondía buenos temas con un pésimo gusto en la producción, aunque previamente Oh! Mercy ya comenzaba a atisbar una dirección clara. Harían falta dos álbumes de versiones de temas tradicionales para volver a retomar el camino correcto, aquel según el cual los críticos no dejan de repetir aquello de "su mejor trabajo desde Blood On The Tracks". Siempre he pensado que esos discos que recuperaban antiguas canciones han sido capitales a la hora de entender Time Out Of Mind. En ese álbum hay mucho blues e influencias de otros géneros que recuerdan poderosamente a EEUU antes de la eclosión cultural de los sesenta. Algunos de los temas parecen sacados de un anuncio de los años veinte, son canciones pretéritas pasadas por el filtro del genio de Duluth.

Dicen que una persona mayor suele recordar con más claridad algo que le ocurrió en su infancia que lo que hizo el mismo día después de desayunar. Creo que la inspiración de Dylan para sus últimos cuatro álbumes le debe mucho a esa frase. Tanto Good As I Been To You como World Gone Wrong son discos de retrospectiva que dan a Bob una dirección clara a seguir. Le sitúan como artista después de los penosos intentos por ubicarse en una década tan controvertida musicalmente como los ochenta y le devuelven la atención de la crítica y el público. Esta nueva reencarnación no será la más memorable si la comparamos con su época dorada, evidentemente no nos encontramos con alguien que rompe moldes o abre un nuevo camino en el rock, hablamos simplemente de un viejo que va a su bola sin rendir cuentas a nadie. La evolución adecuada para alguién que ya no tiene nada que demostrar y que, sin embargo, deslumbra con canciones tan brutales como Honest With Me o Not Dark Yet.


En el libro mejor escrito sobre Dylan, precisamente el primer volumen de su autobiografía, encontramos parte de las dificultades a las que tuvo que enfrentarse antes de volver a resurgir artísticamente. Una grave enfermedad pulmonar que sufrió después de pasearse en motocicleta por una zona pantanosa de los EEUU y la perdida de voz que le coarto a finales de los ochenta y de la que milagrosamente llegó a recuperarse encontrando una nueva técnica para cantar en directo. Para cualquiera que haya visto a Dylan últimamente en directo pensará "pues vaya mierda de tecnica", pero para los dylanitas nos parece una bendición oirle murmurar y farfullar en directo con tantas ganas durante estos últimos años.

Esta entrada es un pequeño preámbulo antes de embarcarnos en la crítica álbum por álbum de sus últimos discos a partir de Time Out Of Mind. Me gustaría hacer un pequeño repaso de ese álbum tan crucial para su carrera, así como de los dos siguientes Love & Theft y Modern Times en una pequeña mini-sección que llamaremos grandilocuentemente La Trilogía del Crepúsculo. En ella no hablaremos de vampiros adolescentes que se ligan a niñatas indecisas, tan sólo repasaremos la hasta ahora fascinante última etapa de uno de los genios más importantes de la historia del rock.

8 comentarios:

Mansion On The Hill. dijo...

Ganas tenía de que hablarais de Dylan!! Que guste mas o menos, su vida y su obra resulta arrebatadora.

Respecto a la resurrección de los grandes a finales de los ochenta, es algo sobre lo que hemos hablado mucho por aquí. Las razones que expones las comparto al 100%. Para mí, el que mejor se sacudió el polvo fue Neil Young, pero tanto Dylan como Mccartney no levan a la zaga.

Times Out Mind es uno de mis discos fundamentales de Dylan. Para mí, de entre lo mejor entre toda su obra grabada. De hecho, forma parte de un grupo de discos (junto con otros como Oh Mercy o Street Legal) del que estoy enamorado. Por derecho propio, obras maestras. Times Out Mind es un paso de gigante de Dylan a través de unas composiciones intensas a más no poder y un trabajo de Lanois en la producción que le sienta como un guante.

Y si. Posiblemente, su mejor disco desde Blood On The Tracks.

Mansion On The Hill. dijo...

Y por cierto, siendo quisquilloso. No es "Under A Blood Red Sky" sino "Under Red Sky".

Under A Blood Red Sky es un disco en directo de U2....

Perdon por el comentario...jejeje

Fran G. Lara dijo...

Ahí está la clave. Tras Knocked Out Loaded y Down in the Groove nadie daba un duro por Dylan, nadie podía esperar que resucitase como Neil Young, como David Bowie, como Paul McCartney. Vistos los discos posteriores con luz y perspectiva, creo que en su momento se magnificaron. Ni Oh Mercy era tan bueno, ni Under the Red Sky era tan malo. Simplemente eran infinitamente mejores que lo que había estado haciendo últimamente, pero tampoco se pueden poner a la altura de Highway 61 Revisited o Blood on the Tracks, por citar dos etapas muy diferentes.

Paco dijo...

Totalmente de acuerdo. Como decís, es imposible que en su extensísima carrera no hubiese algunos "lunares". A partir del Time parece haber resucitado, hasta el Together..., incluso con esta voz "distinta", pero que nos sigue encandilando. Saludos.

Víctor Hugo. dijo...

He ido picoteando en su discografía a lo largo de varias décadas y de momento he tenido la suerte de disfrutar o no toparme con uno de esos bajones.
Seguiré de cerca el especial Dylan.

¡A cuidarse!:)

Gabriel Villarroel dijo...

Para mí, Dylan es un genio desinteresado; luego de leer la autobiografía uno nota que él sólo quiere hacer música y no se preocupa tanto por la calidad, es como una necesidad de expresión. Debe ser la sabiduría de los años.

Muy buena nota y espero con ansias las siguientes reseñasm aunque anticipo que mi favorito es el "Modern times"... ningún otro incluye "Spirit in the water".

www.notassinpartitura.blogspot.com

Manuel J dijo...

Siento la tardanza en responder.

Mansion: Tienes razón, Lanois hizo un gran trabajo. Lastima que se peleara con él en Love & Theft... aunque cierto es que tampoco se le echó mucho de menos.

Corregido el título de Under The Red Sky ;)

Fran: Gracias por comentar ;) Coincidimos entonces en nuestra apreciación sobre Oh Mercy y Under The Red Sky. Para mí, lo más remarcable de este último son las colaboraciones de George Harrison y David Crosby.

Paco: Gracias también por pasarte ;) Por muy fan que seamos, siempre es bueno hablar con perspectiva de nuestros ídolos y de sus peores trabajos. Coincidimos entonces en la étapa oscura de Dylan.

lenjerie intima: Coño! Una página cachondona xD

Victor Hugo: A mí me ocurre igual. No he llegado a prestar mucha atención a sus peores trabajos. También me pasa con Bowie.

Gabriel: Gracias por comentar. En breve comenzaremos la publicación de la minisección. Yo también creo que Dylan ya ha dado de sobra. Cualquier cosa que publiqué, será bienvenida... y si es buena como ha ocurrido ultimamente, mejor que mejor.

Fran G. Lara dijo...

Por cierto, ahora que recuerdo. No hace mucho publiqué un artículo sobre la etapa más denostada de Dylan después de sus patinazos en los ochenta: los discos religiosos. Te dejo el enlace por si te apetece echarle un vistazo:

http://littleslumberland.blogspot.com/2011/01/bob-dylan-va-la-iglesia.html